domingo, 10 de julio de 2011

CANCIONES ARGENTINAS

                      CANCIONES ARGENTINAS

Las canciones que amamos nos acompañan en todos los momentos y han enmarcado musicalmente nuestros episodios de vida. Nos encariñamos con ellas por variadas razones: afectivas, porque las relacionamos con momentos buenos (o malos) que hemos vivenciado; intelectuales, identificándonos con su construcción estética o el significado de su letra; o sensoriales, cuando nos atrapa su atmósfera o energía.
Sé que muchos de ustedes, como yo, no podemos vivir sin las canciones, y cuando aparece un libro dedicado exclusivamente a ellas, hay que regocijarse y celebrar la iniciativa.

El autor de dicha publicación no es un iniciado, Sergio Pujol vive en La Plata, es profesor de Historia del Siglo XX en la Facultad de Periodismo en esa ciudad y enseña Historia del Jazz en EMU Educación Musical, además de ser investigador del Conicet. Publicó once libros, entre ellos: ‘Jazz al sur’, ‘Rock y dictadura’, ‘Discépolo, una biografía argentina’, ‘En nombre del folclore’, biografía de Atahualpa Yupanqui y ‘Como la cigarra’, biografía de María Elena Walsh.
Su flamante obra, “Canciones argentinas, 1910-2010” (Editorial Emecé), es un viaje por 147 canciones de la música popular argentina recorriendo todos los géneros (tango, folklore, rock, canción romántica), a lo largo de 100 años de historia musical argentina.
“La canción es un artefacto cultural indestructible”, sentencia Sergio Pujol, y para avanzar en la definición rastrea el último siglo: “Han cambiado soportes, ha nacido y desaparecido el álbum, todo ha sido puesto en crisis, excepto la canción, o la necesidad de la canción”.
El libro consta de cinco partes que marcan cronológicamente el soporte tecnológico en que las canciones fueron difundidas y creadas.
‘Canciones en la victrola’ (1910-1934): aquí figuran las fundacionales ‘Desde el alma’ y ‘Mi noche triste’, las apariciones de Carlos Gardel y en el final de la etapa, la de Discépolo con ‘Yira Yira’ y ‘Cambalache’
‘Lo que cantaba la radio’ (1935-1956) retrata la época de oro del tango y la afirmación del folklore con Atahualpa Yupanqui como estandarte. En 1935, con la inauguración de Radio El Mundo y su sala de conciertos, las canciones cobran nuevo brillo ante los embelesados oyentes.
‘Los años del Wincofón’ (1957-1970) marca la aparición del rock argentino y la convivencia en ebullición de ‘La tonada del viejo amor’, ‘Balada para un loco’ y ‘La balsa’.. El tocadiscos Wincofón comienza a comercializarse en 1957 y se torna en un elemento manuable e indispensable para la difusión de los simples y del lp de vinilo (éste último inaugurando el concepto del álbum como un ente integral).
‘Piezas de un álbum’ (1971-1987) muestra la segunda etapa del rock nacional (Charly García, León Gieco, Pappo, Sumo) y repasa canciones folklóricas (‘Zamba de Juan Panadero’, ‘María va’) y tangos (‘Viejo Tortoni’, ‘Café La humedad’) creadas en esos años. (En esta etapa es fundamental para el rock y el pop la aparición del videoclip.)
‘Canciones a la vista’ (1988-2010). La última parte, la más vertiginosa tecnológicamente, enmarca las canciones en el cd y luego en los nuevos soportes digitales. Es esta parte el autor cita a los nuevos exponentes (Lisandro Aristimuño, Estelares, Flopa Manza Minimal, Alfredo Rubín) y remarca la vigencia de otros (Jorge Fandermole, Los Piojos, Divididos, Kevin Johansen).
 “Para la selección trabajé como el jurado de un concurso, con la salvedad de que era el jurado de preselección y del final – explica Pujol - Comencé con una corpus de unas trescientas canciones, basándome en el criterio de ‘una que sepamos todos’, pero que además me gustara a mí. En ese equilibrio, a veces primó la primera parte de la ecuación, a veces la segunda. De Invisible, por ejemplo, quedó ‘El anillo del Capitán Beto’. A mí me gustaba más ‘Dios de la adolescencia’, del mismo disco, pero ‘Durazno...’ tiene más espesor, más peso específico. No se trataba solamente de elegir grandes canciones, tenían que ser canciones tanque, resistentes a versiones e intérpretes”.
Luego de seleccionar más de un centenar de canciones de las miles que componen el cancionero argentino, Pujol describe y explica estas canciones desde la erudición, pero también desde el sentimiento y la pasión. La mayoría de ellas están fuertemente arraigadas en el inconciente colectivo, otras poseen propiedades que torna imprescindible su presencia en esta selección, y todas están enmarcadas y descriptas con análisis, anécdotas y citas de los compositores que pensaron dichos temas.  
Pujol se centró en las grabaciones de estudio publicadas, porque evidentemente los estrenos no registrados y las interpretaciones en vivo, en su mayoría, son imposibles de rastrear. “Trato de entender la perdurabilidad de las canciones, y si bien tienen mucho que ver con los intérpretes, no estoy tan seguro de que la interpretación lo sea todo, como sí lo es en el jazz.”, dice Pujol, que luego cita a la musicóloga Heloísa Valente, afirmando que las canciones pueden funcionar como cápsulas de memoria: su poder evocativo aumenta en proporción a la distancia temporal entre el evento ocurrido y el tiempo presente. “La eficacia de esas ‘cápsulas’ depende no sólo de la calidad de los intérpretes sino también de la calidad de sus materiales y de la maneras con las que éstos fueron ensamblados”, dice el platense.

“Canciones argentinas (1910-2010)” reivindica la figura del autor y el compositor, que muchas veces es ignorada o desapercibida por el gran público, eclipsado por los intérpretes. Muchas veces se identifica determinada canción por la interpretación del cantante, sin saber quién y cómo la escribieron. Esto no es de ahora, los trovadores de la edad media nunca cobraron derechos de autor, los bluseros norteamericanos pudieron beneficiarse, en parte, luego que bandas y solistas británicos (Rolling Tones, Eric Clapton, Yardbirds) popularizaran sus temas; en la época del soul los escritores escribían por un módico sueldo para que se luzcan las renombradas figuras del género.
Por estos pagos, un caso testigo es el de ‘Vidala para mi sombra’, una de las composiciones más hondas del folklore argentino. Pero, ¿cuántos conocen al salteño Julio Espinosa, su creador?, carpintero de profesión, que compuso su vidala en 1955. Pujol dice: “la suerte de esta vidala fue pronosticada por Juan Carlos Dávalos que le dijo a Espinosa que su melancólica creación estaba predestinada a ser universal”. Es bella y reveladora esa imagen de la canción que trasciende a su autor y pasa a formar parte de la cultura colectiva de un pueblo, pero el problema surge cuando ese compositor no es tan conocido como un Atahualpa Yupanqui, por ejemplo. Entonces, sería justo difundir estos desconocidos autores que con su obra han colaborado a engrosar nuestro cancionero argentino.
En otro pasaje, Pujol cita a Theodor Adorno: (‘la música popular es aquella en la que la canción escucha al oyente y no al revés’) para presentar el emblemático ‘El viejo Matías’, escrito por Víctor Heredia en 1969, con esa entrañable historia del viejo inmigrante italiano, que como un fantasma errante deambula la estación de Paso del Rey y se le ilumina la cara cuando llegan los trenes repletos de obreros.
Son sólo dos ejemplos que muestran un mínimo panorama de la pasión y esfuerzo que consumió Sergio Pujol para crear este maravilloso compilado de canciones. Alguien opinará que falta tal, o cuál de sus preferidas, pero es irrelevante ante el peso específico de tanta música y tanta letra que han testimoniado estos últimos cien años de vida de nuestra joven Argentina.

sábado, 18 de junio de 2011

PADRES E HIJOS


                                     PADRES E HIJOS

‘Creía que mi padre era Dios’ es un título de una colección de relatos publicados por Paul Auster, también es una frase acertada acerca de la imagen que tenemos de los padres en nuestros primeros años de vida. Luego, el tiempo se encarga de situarlos en el lugar que corresponde, que no es menos importante que el de la imagen inicial. Los que tenemos la suerte de ser padres, no necesitamos una fecha determinada para celebrar nuestro papel, pero como no puedo escapar a los convencionalismos, aquí van unas pinceladas acerca de encuentros entre padres e hijos que actúan de disparador al recuerdo de mi padre y, tal vez, al de cada uno de ustedes.
Si hablamos de hijos de músicos, en su mayoría, no sienten ese instinto ancestral que los lleva a enfrentarse (o diferenciarse) de sus padres, la vida excitante que llevan sus progenitores hace que sientan una identificación mayor hacia ellos. Unos tuvieron una relación feliz con su padre, otros, complicada; algunos triunfaron, otros, nunca pudieron superar artísticamente la figura de su padre.

En nuestro pagos
Ya sabemos en que punto está hoy la relación entre Charly García y su hijo Miguel, pero rescatemos una anécdota positiva. “Un día llegué a casa y me encontré con Miguel escuchando un tema de Serú Girán y cuando cambiaba de ritmo, rebobinaba y repetía la parte anterior – cuenta Charly – Me acerqué a preguntarle si la parte que venía no le gustaba, y me dijo que para él los temas tenían que tener sólo una parte. Gracias a él entendí que muchas veces la música se complica demasiado, como si no se pudiera, digamos, gozar… Entonces hice ‘Yendo de la cama al living’, y eso le gustó. Descubrí que era preferible, en vez de cambiar el ritmo, hacer que el tema fuera polirrítmico. ‘Yendo de la cama…’ o ‘Nos siguen pegando abajo’ son polirrítmicos, pero se pueden bailar. O sea que mi hijo me abrió una puertita al futuro.” Miguel García sacó un par de discos solistas, pero ni por asomo se forjó una carrera parecida a la de su padre.
Otra relación conflictiva fue la de Gato Azul Peralta y Miguel Abuelo. Gato Azul pasó su infancia transcurrió en París e Ibiza viviendo entre gitanos sin mucho contacto con su padre. “Cuando volvió a la Argentina - cuenta Gato sobre su padre - fue distinto porque se rompió el traste para darme todo. Fue un buen padre. Muy comprensivo. Siempre tuvimos buena onda. Alguna que otra vez me cagaba a alpargatazos. Pero lo comprendo: yo era un flor de vago”. Cuando Miguel Abuelo saca su disco solista “Buen día, día” (1984), cantan juntos con su hijo el hermoso tema ‘Mariposas de madera’.  Ya fallecido Miguel hubo un intento infructuoso de reflotar a Los Abuelos con Gato Azul como cantante. Promediando le década del 2000, Gato Azul formó un grupo con los hijos de los integrantes de La Cofradía de la Flor Solar y Pedro y Pablo.
A lo largo de su extensa obra, Luis Alberto Spinetta ha dedicado canciones  a sus hijos, ‘Valen’ o ‘¿No ves que ya no somos chiquitos?’ son dos ejemplos citados a las apuradas. En cuanto a encuentro de padre e hijo, Dante Spinetta debutó en un disco de su padre, “Tester de violencia” (1988), cuando tenía 11 años. De los hijos del Flaco, Dante es el que ha cimentado una frondosa carrera, desde Illya Kuryaki & The Valderramas hasta nuestros días, pero también Valentino ha continuado la saga, primero con Geo Ramma, y en la actualidad, como músico y productor de hip hop, haciéndose llamar Leeva.
Papá Luis también continuó los pasos de su padre Luis Santiago, cantante de tangos, de quién ha musicalizado algunas de sus letras. En “Un mañana” (2008), su último disco con material propio, el Flaco le puso música al introspectivo ‘Hombre de luz’; y en la época de Invisible, incluyó un poema de su padre en ‘Encadenado al ánima’ (“Durazno sangrando”, 1975).

Allende los mares
Joachim Cooder tenía 4 años cuando decidió ser baterista después de presenciar una zapada de su padre, el guitarrista y productor Ry Cooder, y al baterista Jim Keltner. “Siempre le digo a Joachim que la música es algo que nadie te puede quitar – dice Ry – Una vez que aprendes a dedicarte a esto, lo meditás y lo trabajás, te construís algo propio. Siempre que estuve de gira, Joachim viajó con nosotros, desde que era bebé.” El fruto de está linda relación se ve premiado cuando papá Cooder produce “Buena Vista Social Club” (1998), película y disco que rescata a los soneros de la Trova Cubana. En ‘Chan Chan’, la canción de Compay Segundo que abre el tributo, nos encontramos con padre e hijo participando en la grabación, mezclados entre los músicos cubanos.
En 1975 los Beatles ya eran historia. Cuando nace Sean, John Lennon se dedica a criar a su hijo, dejando a Yoko hacerse cargo de los temas administrativos y comerciales del matrimonio. “Quería darle cinco años enteros de estar siempre allí - dijo Lennon en su momento - No había visto crecer a mi primer hijo, Julian. No estuve presente durante su infancia, en absoluto. Estaba de gira. Y mi niñez fue cosa seria. No sé que precio se debe pagar por desatender a los niños. Y si no le brindo atención hasta los cinco años, sin duda tendré que brindársela a los dieciséis años hasta los veinte, porque se les debe, es como la ley del universo.” Lennon compuso la bella ‘Beautiful Boy’ (“Double Fantasy”, 1981) pensando en Sean. Tanto Julian como Sean incursionaron en la música con resultados dispares, aunque el primero tuvo un relativo éxito con “Valotte” (1984).
También los hijos de los otros beatles sufrieron esa carga. James, hijo de Paul McCartney, debutó en la música en ‘Heaven On A Sunday’, tema de “Flaming Pie” (1997), disco de su padre.  Recién en el 2010, con 33 años, lanzo su primer disco. “Available Light” es un ep que contiene cinco canciones, cuatro propias y una de Neil Young.
George Harrison falleció durante la grabación de “Brainwashed” (2002). Su hijo, Dhani y su amigo, el músico y productor Jeff Lynne, terminaron la tarea “Hacer este disco con mi papá - dijo Dhani - incluyó la alegría de trabajar de a dos cuando empezamos a grabarlo, y la tristeza de no poder finalizarlo juntos. Me siento honrado de haber tenido algo que ver con esta obra, y estoy orgulloso de ser capaz de mostrarla al mundo, como un regalo para todos los que disfrutan de la música de mi padre”. Dhani formó Thenewno2 junto a Oli Hecks, lanzaron un ep y luego el más que interesante “You Are Here” (2009), donde Dhani busca su propio estilo pero no puede escapar a la atmósfera melancólica de su padre.
El cantautor Cat Stevens es responsable de 'Father and Son', una de las canciones más bellas escritas entre un padre y su hijo, incluida en "Tea For The Tillerman" (1970). En su intento original la letra hablaba de un chico que quería sumarse a la revolución rusa en contra de los deseos de su padre. Este proyecto nunca se plasmó y la canción, que contiene una bella y seductora melodía con rasgos acústicos, mutó hacia una letra que recrea un diálogo entre el padre y el hijo, cada uno con su punto de vista ante la vida.

Por último, una lista esencial y complementaria de canciones dedicadas a los padres: ‘Mi viejo’ (Piero); ‘Si ves a mi padre’ (León Gieco); ‘Adiós Nonino’ (Astor Piazzolla, letra de Eladia Blázquez); ‘Una lágrima en el viento’ (Christian Roth); ‘Padre, que nos perseguía’ (Litto Nebbia); ‘My Father’s Eyes’ (Eric Clapton), ‘The Living Years’ (Mike and The Mechanics).
Y a los hijos: ‘Isn´t She Lovely?’ (Stevie Wonder); ‘Rey sol’ (Fito Páez); ‘Vos sabés’ (Fabulosos Cadillacs); ‘El nacimiento de Ramiro’ (Rubén Blades); ‘No te vayas niña mía’ (Jaime Roos); ‘Tears In Heaven’ (Eric Clapton).

domingo, 12 de junio de 2011

RAZONES PARA ESTAR ALEGRE


                 RAZONES PARA ESTAR ALEGRE


Ian Robins Dury tuvo una vida de película, es más, el año pasado se estrenó una biopic (como se le dice en la actualidad a los films biográficos) basada en su figura. Nació en 1942 en Harrow, Middlesex. De niño sufrió de poliomielitis y las secuelas le acompañaron el resto de su vida: estatura pequeña y una pierna más corta (usó durante toda su vida un bastón y una especie de aparato calibrador en su pierna).
“Soy carismático y no me apena mi apariencia física – decía Dury -  Hasta la gente más hermosa tiene algún mal. Y mi mal es tan obvio que no hay punto alguno para que me preocupe por él. Por fortuna soy bastante interesante a los ojos de los demás. Lo sé porque yo me pinté, como estudiante de arte, unas 500 veces”.
Estudió en una escuela de arte y en los tempranos años setenta brindaba clases en Canterbury mientras su inquietud por la música lo llevaba a fundar su primera banda, Kilburn and the High Roads. A partir de 1971, al contrario de sus compañeros egresados de arte, escogió la música y dejó el pincel  y las clases.
Es recién cuando conoce al pianista Chas Jankel que la cosa comienza a encaminarse: graban varios demos para mostrar en las grabadoras. El sello Stiff Records se interesa por ellos y los incorpora a su lista de artistas (Nick Lowe, Elvis Costello, Dave Edmunds, Graham Parker, The Damned).
Como Ian Dury graba “New Boots and Panties!!” (1977), que capta rápidamente la atención de la audiencia británica del punk y la new wave. La música de Dury tenía puntos de contacto con el punk: su irreverencia, la audacia musical, su imagen y vestimenta; pero en realidad, a Dury le gustaba también otros géneros y lo plasmaba en sus temas. Así como The Clash se abrió al reggae y al rockabilly, Ian Dury hizo lo propio con el funk y el jazz, enriqueciendo el potente pero árido panorama musical dominante a fines de los 70. En cuanto a las letras de Dury, rebozan de inteligencia, humor y desprejuicio, elementos que lo ayudaron a superar sus impedimentos físicos. Alguna vez declaró a la publicación española Ruta 66: “The Buzzcocks era un excelente grupo pero debo decir que yo no era un gran seguidor del punk, es demasiado violento para mí. Me gusta el funk, el jazz. Me agrada la música bien interpretada, pero también puedo identificarme con un concepto, con el aspecto visual. En casa nunca escucharé un disco punk por placer. Sigue siendo ruido. Pero estoy contento de que los punks hayan existido y nunca he sido uno de sus detractores, sino más bien lo contrario”.
 “New Boots and Panties!!” abre con ‘Wake Up and Make Love With Me’, de letra sugerente, excitante y de alto refinamiento en los arreglos y la ejecución musical (la canción tampoco desentonaba con la música disco, en su apogeo en esos días). El otro gran tema del álbum es ‘Sex Drugs & Rock & Roll’, que parece una apología a los excesos del rock, pero que en realidad es una sátira a esa consigna. La canción salió como simple ese 1977 pero no causó repercusión, el paso del tiempo la llevo a instalarla en su lugar de clásico. Otro gran tema de su primer álbum es ‘Sweet Gene Vincent’, en homenaje a uno de los pioneros del rock and roll, que comienza con una línea de ‘Blue Gene Baby’ y desemboca en una vital rock & roll como no podía ser de otra manera.
Dos años después forma su gran banda, The Blockheads, y edita “Do It Yourself” (1979), siempre con el aporte fundamental de Jankel en piano y composición. Ya desde el comienzo, (‘Inbetweenies’, ‘Quiet’), Ian Dury muestra su predilección por la música negra, principalmente el funk, que le brinda el condimento final para que este álbum se eleve a estatura de clásico.

Razones para estar alegre
Ese mismo año Dury y su banda lanzan el simple ‘Reason for Be Cheerful, Part 3’, ambiciosa canción de ritmo funky. Mientras los Blockheads, desde el coro, conminan a Dury a permanecer en la cama, éste canta en un estilo cercano al rap, enumerando una lista de motivos para estar alegre: nerosidad y la cortess; Little Richard y su estar alegre mientras los Blockheads lo conminan el rocanrolero Buddy Holly; Little Richard y su éxito ‘Good Golly Miss Molly; el Teatro Bolshoi en Moscú; Picadilly Circus en Londres;  la generosidad y la cortesía; las medias amarillas; el vino; Steven Biko; los Hermanos Marx; el trombonista  Rico Rodríguez y el saxofonista John Coltrane; Woody Allen; Salvador Dalí; la canción ‘Volare’; Adriano Celentano; ser autodidacta (algo bonito para estudiar), etc…
Dice Nick Hornby, autor del libro ‘31 canciones’: “Cuando más escucho ‘Reasons to Be Cheerful’, más me suena como el mejor tipo de himno nacional británico, capaz de inspirar orgullo a los que nos pasamos demasiado tiempo sintiéndonos incómodos con nuestro país. En realidad, si Tony Blair tuviera agallas debería explicarle a la reina que, dado que ella ya no nos interesa a ninguno, el himno antiguo ya no sirve y que de ahora en adelante se empleará la canción de Ian Dury en todos los acontecimientos deportivos y ceremonias del Estado. Para ser una canción complicada, ‘Reasons to Be Cheerful’ es muy precisa culturalmente, si la escuchas con la suficiente atención; si se refiere a una edad de oro ya esfumada, sólo el tiempo lo dirá.”
‘Reasons to be Cheerful’, cuya melodía se basa en parte del solo de bajo de Charlie Haden en ‘Ramblin, del álbum del saxofonista Ornette Coleman, “Change of the Century” (1959), tuvo su génesis en Italia durante una gira europea. Mientras probaban sonido, un técnico del grupo sufrió un accidente, lo que provocó la suspensión de la gira. En ese lapso de espera, Dury, Jankel y el saxofonista David Payne compusieron y grabaron la canción en un estudio de RCA. Extrañamente, el tema no apareció en “Laughter” (1980), el siguiente disco de Dury. Recién se publicaría en larga duración en el compilado “Jukebox Dury” (1981).

Final de los Blockheads
El pianista Chaz Jankel, mano derecha de Dury, decide lanzarse como solista, es reemplazado por Wilko Johnson, guitarrista de Dr Feelgood, pero la química no es la misma. Sin la banda, Dury intenta sin éxito con “Lord Upminstersin” (1981), registrado en otro sello. A partir de allí se llama a silencio musical y se dedica a la actuación obteniendo papeles en “Piratas” (Roman Polanski, 1986), “Rocinante” (Ann y Eduardo Guedes, 1987), “Corazones de fuego” (Richard Marquand, 1987) y “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” (Peter Greenaway, 1989).
A comienzos de 1998 reúne nuevamente los Blockheads para grabar un material que había compuesto durante dos años. “Mr Love Pants” (1998) lo devuelve al candelero pero no son todas buenas noticias. En mayo de ese año anuncia en la BBC que padece cáncer en el hígado: “No me importa si soy inmediatamente olvidado. No me importa si mi trabajo se va por el caño. No estoy aquí para ser recordado, estoy aquí para estar vivo”.
Dury le peleó a la enfermedad haciendo música y disfrutando con su familia (hacía poco que se había vuelto a casar, tenía dos hijos). Hizo campañas para ayudar a la gente que padecía cáncer y tuvo tiempo de participar en el single ‘Drip Fed Fred’ de Madness.
A las nueve de la mañana del 27 de marzo de 2000 fue vencido por la enfermedad. Tenía 57 años de edad.
En Octubre de 2001 se editó “Brand New Boots & Panties: Tribute Ian Dury”, con la participación, entre otros artistas, de Sinead O'Connor (‘Wake Up And Make Love With Me’), Robbie Williams (‘Sweet Gene Vincent’) y Paul McCartney (‘I'm Partial to Your Abracadabra’). Se grabó como una forma de celebración a esta gran figura de la música británica. Lo interesante y emotivo del álbum es que la banda de acompañamiento está integrada por los viejos compañeros de ruta de Ian Dury, The Blockheads.

jueves, 9 de junio de 2011

EL ÚLTIMO CAFÉ


                             EL ÚLTIMO CAFÉ

Hace décadas que el tango transitó su época dorada. Como género, en estos días ha perdido protagonismo en las nuevas generaciones y su presencia en los medios es escasa (se circunscribe a programas de radio específicos en horarios extraños). Sus intérpretes muestran su arte en un acotado circuito de las grandes urbes, teniendo su mayor oportunidad de trabajo en varias capitales europeas y en Japón. Los actuales cultores no logran que las nuevas generaciones lo adopten o siquiera lo degusten de vez en cuando.
El tango seguirá existiendo, por peso propio, por historia; ya no con la enorme popularidad de antaño pero sí en nuestra forma de ser, en el paisaje urbano, en la voz y en la forma de componer de muchos artistas nuevos que poseen algún gen tanguero.
Mientras tanto, celebremos al género ciudadano con este tango canción que merece ser cantado:

‘El último café’ (Cátulo Castillo - Héctor Stamponi)
Llega tu recuerdo en torbellino, vuelve en el otoño a atardecer
Miro la garúa, y mientras miro, gira la cuchara de café.

Del último café que tus labios con frío
Pidieron esa vez con la voz de un suspiro.

Recuerdo tu desdén, te evoco sin razón,
Te escucho sin que estés; “Lo nuestro terminó”
Dijiste en un adiós de azúcar y de hiel...

¡Lo mismo que el café, que el amor, que el olvido!
Que el vértigo final de un rencor sin porqué...

Y allí con tu impiedad me vi morir de pie,
Medí tu vanidad, y entonces comprendí mi soledad
Sin para qué... Llovía. Y te ofrecí... ¡el último café!

José Gobello en su ‘Conversando tangos’ (A. Peña Lillo Editor, 1976) cuenta que ‘El último café’ ganó el primer premio en el primer concurso organizado, con mucho ruido, por la compañía Odol, en diciembre de 1963. Lo cantó entonces, para presentarlo a ese certamen, Raúl Lavié, pero un par de días antes lo había grabado la orquesta de Héctor Várela con el cantor Ernesto Herrera.
‘El ultimo café’ pertenece al género tango-canción que inauguraron Gardel y Le Pera en la década del 30 con canciones como ‘El día que me quieras’ y ‘Cuando tu nos estás’. ¿Qué pasaba? Las películas que protagonizaba Gardel y escribía Le Pera se veían en Europa y Estados Unidos, es por ello que la música y las letras de los tangos tenían un tinte “for-export”, evitando las palabras en lunfardo. Esta nueva manera de escribir tangos, con cierta apertura melódica, le permitió al género tomar nuevos aires y colarse en un repertorio de artistas internacionales (hay que reconocer que con resultados disímiles).
A partir de la década del 40 cuando los cantantes solistas comenzaron a tomar mayor protagonismo se comenzaron a escuchar con mayor asiduidad tangos que poseían una lírica romántica, con música con puntos de contacto con el formato canción o el bolero, como es el caso de ‘El último café’.
Junto a José Razzano, Castillo también escribió ‘Café de los Angelitos’, un tango que se emparenta con ‘Cafetín de Buenos Aires’ de Discépolo (ambos recrean la bohemia de esa época). En ‘El último café’, en cambio, el poeta toma la figura del pocillo de café como emblema de una amarga despedida, del final de un amor.

El poeta
El periodista César Tiempo, compañero de colegio de Cátulo Castillo, publicó en noviembre de 1975 en el diario Clarín una evocación de su figura, a menos de un mes de su muerte, ocurrida en octubre de ese año: “Dios puso en órbita a Cátulo un domingo de invierno y lo sacó de circulación un domingo de primavera. ¿Cómo es posible que Dios, nada menos que Dios, haya hecho lo que hizo con Cátulo, un camarada entrañable e imprescindible, un muchacho que tenía la alegría de los santos y su bondad, mientras tolera que sigan actuando, defraudando, corrompiendo, perfeccionándose en el ejercicio de la indecencia, de la ruindad y del crimen, tantos marrulleros con patente de corso, tantos hampones despiadados, tantos canallas refugiados en los aguantaderos de la impunidad y el cinismo.”
Cátulo nació en 1906 en Buenos Aires en la calle Castro, entre un potrero y un tambo. Su padre, José González Castillo, tuvo una agarrada de padre y madre con el Jefe del Registro Civil cuando éste se negó inscribir a su hijo con el nombre de Descanso Dominical. Es que González Castillo, que en ese entonces tenía 21 años, era un anarquista empedernido y romántico que luchaba por los derechos del hombre. Luego de que el funcionario hiciera reflexionar al flamante padre, éste lo pensó mejor y lo hizo llamar Ovidio Cátulo. Ovidio por el poeta romano que fue exiliado por el emperador César Augusto en el siglo 8 antes de Cristo; y Cátulo por Gayo Valerio Cátulo, poeta rebelde que tuvo el coraje de enfrentarse al César.
Es responsable de la letra de ‘Tinta Roja’ y ‘Silbando’ (con música de Sebastián Piana); y de ‘Caserón de tejas’, ‘Desencuentro’,  ‘A Homero’, ‘María’ y ‘La última curda’ (con música de Aníbal Troilo) entre otros célebres tangos.

El compositor
Héctor ‘Chupita’ Stamponi nació en 1916 en Campana y desembarcó en Buenos Aires veinte años más tarde junto a otros jóvenes que también pasarían a ser parte del tango, el violinista Enrique Francini y el poeta/letrista Homero Expósito. Luego de participar en varias orquestas en los años 30, en 1943 se radicó en México, donde se dedicó a escribir música para películas. A su regreso, acompañó a cantantes de la talla de Hugo del Carril, Alberto Marino y Edmundo Rivero, además de formar un célebre dúo de piano y violín con Francini.
‘Chupita’, al frente de su piano, le imprimió un carácter melódico a su música que lo distinguiría en sus temas. Compuso con Homero Expósito el exquisito vals ‘Pedacito de cielo’, ‘Qué me van a hablar de amor’ y ‘Quedémonos aquí’; con Horacio Ferrer, ‘Soy un circo’; y con Cátulo Castillo, ‘Perdóname’ y ‘El último café’.
Tres años antes de su muerte ‘Chupita’ alcanzó a grabar “Héctor Stamponi interpreta al piano su música” (1994), gracias a la insistencia de Litto Nebbia para su sello Melopea. En su último álbum recrea sus mejores con su piano florido y romántico.

Algunas versiones de ‘El último café’
Julio Sosa (simple de 1964): el barón del tango, el último de los cantantes tradicionales del tango, adorna el tango-canción con su garganta privilegiada a pesar de un coro molesto incluido en la grabación.
Roberto Goyeneche, con Baffa-Berlingieri (“Che bandoneón”, 1967): con el bandonéon de Ernesto Baffa y el piano de Osvaldo Berlingieri, el Polaco eleva este tema a alturas insospechadas.
Susana Rinaldi (“Sin estridencias”, 1991): La Tana Rinaldi en vivo desde un salón del edificio Torres de Manantiales de Mar del Plata aborda ‘El último café’ con su personal y sanguíneo estilo.
Rocío Durcal (“Entre tangos y mariachis”, 2001): La madrileña lo canta a modo de bolero azucarado, acentuando la veta romántica (y dramática) de la composición.
María Volonté (“Fuimos”, 2003): Volonté crea una atmósfera mágica junto al pianista Horacio Larumbe, que pinta el tango con sus inolvidables pinceladas de jazz.
Julia Zenko (“Vida mía”, 2006): Técnica y dulzura son los sinónimos de este abordaje que realiza Julia Zenko acompañada por el piano de Sonia Possetti.


viernes, 27 de mayo de 2011

QUEDATE CONMIGO


                   QUEDATE CONMIGO

Una canción puede poseer cualidades terapéuticas, puede hacernos compañía, alegrarnos, invitarnos reflexionar, pero también es capaz de transformar ciertas realidades cuando se la toma como un emblema de nobles iniciativas.
Una de estas canciones es ‘Stand By Me’, compuesta por el cantante Ben E. King junto a Jerry Leiber y Mike Stoller, dos compositores responsables de al menos una treintena de temas imbatibles. Parece que King extrajo el embrión del tema de una canción con raíces gospel que interpretaba el grupo Staple Sisters a mediados de los 50, para luego desarrollarla con Leiber y Stoller. ‘Stand By Me’ estaba destinada a ser grabada por The Drifters, agrupación producida por Leiber y Stoller e integrada por el propio King, pero finalmente el tema fue registrado por Ben E. King como solista en su disco debut “Spanish Harlem” (1961).
Como esas composiciones que se transforman en clásico con el transcurrir de los años, ‘Stand By Me’ tomó dominio público y pasó a ser de la gente. El tema comenzó a ser interpretado por una amplia gama de artistas: Marvin Gaye, Otis Redding, Elvis Presley, John Lennon en su “Rock and Roll” (1974), Jimi Hendrix, Sting, U2 junto a Bruce Springsteen, Led Zeppelín, Seal y hasta Muhammad Alí la grabó en 1964. En la Argentina fue versionada en vivo por Sumo (¡impagable la performance de Prodan!) y también por Andrés Calamaro. Es más: de la web se puede descargar un archivo con ¡175 versiones del tema!
Como muchas de estas canciones, ‘Stand By Me’ comenzó a ser cantada por cientos de esos músicos desconocidos en todo el mundo que día a día muestran su arte en pequeños sitios, en la calle o en lugares públicos, en consecuencia, a esta pequeña (gran) canción le esperaba un destino diferente.

El germen
Mark Johnson es un renombrado productor que tuvo su primer éxito con “Rain Man” (1988), aquel film dirigido por Bary Levinson, protagonizado por Tom Cruise y Dustin Hoffman. Luego de producir varias películas, Jonson se estableció en Los Ángeles y comenzó a trabajar no sólo en el cine sino también en la música. Hace cuatro años Johnson presenció un acontecimiento que se tronó en una revelación. Había tomado el tren para ir a trabajar al estudio, cuando en la estación vio a dos monjes pintados de blanco de la cabeza a los pies, uno tocando la guitarra y el otro cantando una música que nunca había escuchado antes. Johnson notó que había alrededor de 200 personas paradas escuchándolos, todo el mundo estaba llorando, sonriendo, aplaudiendo. Una semillita quedó plantada en el corazón del productor, sentía que la verdadera música estaba ahí y no en el estudio de grabación que lo aguardaba para iniciar su tarea. Tiempo después, con el germen de esa idea metido en su cabeza, Johnson se encontró con Roger Ridley, un blusero oriundo de Lumpkin, Georgia,  cantando ‘Stand By Me’ en una calle de Santa Mónica, California. “Me acerqué y le pregunté si podía volver con un equipo de sonido y grabarle - recuerda el productor - Pensó que estaba mal de la cabeza, pero accedió.”
Fue en ese momento que nació ‘Playing For Change’, un movimiento creado para generar conciencia y cambiar algunas realidades por medio de la música. La carta de presentación de esta iniciativa sería ‘Stand By Me’ interpretada por diferentes músicos en diversos sitios del mundo.
“Fuimos a Nueva Orleáns después del huracán Katrina – cuenta Johnson - Con la ciudad arrasada y los muertos todavía en la memoria, la música no dejó nunca de sonar. Allí conocí a Grandpa Elliot, que lleva más de 60 años tocando en la calle.” Elliot compartirá con Elliot el protagonismo en ‘Stand By Me’: es un músico que recorrió las calles de New York en la década del 60 y que en la actualidad recorría el barrio francés de New Orleáns.
Johnson compiló a diferentes músicos tocando ‘Stand By Me’ y realizó una bella edición que comienza con la voz Roger Ridley, en Santa Mónica; continúa con la de Granpa Elliot en Nueva Orleáns; Clarence Bekker (vocalista) en Ámsterdam; la percusión del Twin Tagle Drum Group en Zuni (Nueva México); la pandereta de François Viguié, en Toulouse; el cavaquinho de César Pope en Río de Janeiro; el cello de Dimitri Dolganov en Moscú; la guitarra de Roberto Luti en Nueva Orleáns; el dúo Geraldo & Dionisio en Caracas; la batería de Junior Mbouta en el Congo; el contrabajo de Pokei Klaas en Guguletu (Sudáfrica); la percusión de Django Dejen en Barcelona; las voces de Sinamuva en Umlazi (Sudáfrica); vuela también a Pisa, con Stefano Tomaselli en el saxo; y finalmente entra la celestial garganta de Vusi Mahlasela en Mamelodi (Sudáfrica).
Solo viendo el video del tema, disponible en la web, tendrán una representación fiel de la obra de arte de interpretación y edición que lograron los artistas y Mark Johnson con esta visión de ‘Stand By Me’.

La letra
La grabación de Playing For Change tiene dos líneas agregadas que parecen ser autoría de Ridley: “No importa quien eres, no importa dónde vayas en tu vida… en algún momento necesitarás a alguien al lado tuyo…
No importa el dinero que tengas, no importa los amigos que tengas… en algún momento necesitarás a alguien al lado tuyo…”
Para luego sí, desarrollar la letra original: “Cuando la noche ha llegado y la tierra está oscura y la luna es la única luz que vemos / No, yo no tendré miedo, no, yo no tendré miedo / Mientras tu estés, estés conmigo y cariño, cariño, quédate conmigo…
Si el cielo que vemos arriba se derrumbara y cayera / O la montaña se desmoronase hacia el mar/ No, yo no tendré miedo, no, yo no tendré miedo/ Mientras tu estés, estés conmigo y cariño, quédate conmigo…”

Las obras
Mark Johnson se armó de un equipo de grabación y filmación portátil que no le envidia nada a cualquier estudio y comenzó a grabar artistas, en su mayoría desconocidos, a largo y ancho del globo terráqueo.
“El objetivo inicial era encontrar el modo de juntar e inspirar a todo el mundo – dice Johnson acerca de Playing For Change - Lo cierto es que en un mundo con tanta violencia y división, me di cuenta de que la música es lo único capaz de unirnos. Pero el problema llegó a la hora de hacer realidad esa idea, llevarla a la práctica. Nos pusimos a recorrer las calles de Los Ángeles, pero lejos de quedarnos en las cuatro paredes estadounidenses nos trasladamos al Himalaya, reservas indias, pueblos africanos, el metro (por supuesto)... y decidimos juntar a toda esta gente, enormes músicos, y ponerlos a tocar en estudios ambulantes de grabación. Así fue como empezamos a grabar canciones alrededor del mundo y con gente venida de diferentes partes del planeta.”
En octubre de 2009 salió a la venta el dvd y el cd de “Playing For Change, Songs Around The World” que abre inevitablemente con ‘Stand By Me’ y que contiene clásicos como ‘One Love’, ‘War/No More Trouble’ (Bob Marley); ‘Talking About A Revolution’ (Tracy Chapman); ‘Biko’ (Peter Gabriel) y ‘A Change Is Gonna Come’ (Sam Cooke).
El disco entero está imbuido con el espíritu inicial del proyecto, con diferentes músicos mezclándose en las canciones, que han sido seleccionadas cuidadosamente por su mensaje y su energía.
Así nace una fundación que a través de la venta del material registrado, facilita el aprendizaje de futuros músicos, la grabación de sus canciones y promueve conciertos a beneficio con el fin de construir escuelas de música y de arte en las comunidades más necesitadas (el año pasado se abrieron cuatro en Mali, Sudáfrica, Ghana y Nepal).
Una canción con más de cincuenta años de antigüedad y un hombre que quiere conectarnos a través de la música lograron que el mundo sea un poquito mejor para los que lo transitamos día a día y eso no es poca cosa.










domingo, 22 de mayo de 2011

MAGOS Y POETAS

                      MAGOS Y POETAS

Sí, ya sé que no hay tiempo: el trabajo, los trámites, las deudas pendientes, las corridas, esas cosas por hacer que habitualmente conspiran contra nuestra salud mental. Todos quisiéramos tener un rato más para dedicarlo a los que nos hacen bien: alguien se dedicará al jardín, otros al deporte, están los que salen a caminar, los que pintan, escriben o hacen música, o un poco de cada cosa, no sé. Lo importante es tener un rato todos los días para hacer lo que nos apasiona.
También sé que a los que nos gusta la música hay mucho, pero mucho, por escuchar. Ahora vengo yo dispuesto a mostrarles y recomendarles un disco (¡otro más!) de un artista que vale la pena conocer. Les aseguro que tiene que ver con esto de la paz mental, les tomará menos de una hora para recorrer “Magos y poetas” (2009), un bello disco de Enrique Cacho Aiello, músico cordobés que supo ser ladero de Piero por un tiempo, amén de desempeñar la tarea de productor, compositor y músico de sesión de otros artistas cordobeses.

Antecedentes
Cacho Aiello integró varias bandas de adolescente: Universo, M.Mouse y ZigZag. En ellas encontró un gran socio: el bajista Sergio Aranda, con quién compuso canciones con toques funk y jazz. Promediando los 80’s formó Ramíres, agrupación que contaba con Aranda en teclados y dos músicos cordobeses que lo acompañan hasta nuestros días: el bajista Gustavo Nazar y el baterista Hugo Ordanini. Lanzaron “Ramíres” (1991) y luego “Girando al revés” (1994), grabado en Los Ángeles, con la participación de Pedro Aznar y músicos del lugar: Abraham Laboriell en bajo, Dean Parks y Michael Thompson en guitarras, Vinnie Colaiuta en batería. Continuó desempeñándose como músico y arreglador de figuras como Manuel Wirtz, Julia Zenko, Valeria Linch y Piero, mientras desarrollaba la labor de productor.
En plan solista tiene dos discos que le anteceden. Debutó con “Mondo paparazzi” (1999), en el que mostraba su influencia pop y beatlescas (escuchar ‘No me despiertes’ y ‘Gisel en el jardín’, con genes de Páez y los de Liverpool).
Muestra un importante crecimiento con  “El show de la evolución” (2004), álbum que comienza con ‘Revolver’, gran tema que al decir del autor tiene cierta relación conceptual con ‘Abre’ de Páez. Hay ironía y humor fino en ‘El show de la evolución’ y ‘Equivocasong’; introspección en ‘Botellas’; y un tributo a los Beatles en ‘Beatle George’: “La hice después del fallecimiento de Harrison – cuenta Aiello - Él fue el beatle que nunca le gustó el éxito y aunque era un genio fue opacado por los dos monstruos de John y Paul. Terminó siendo jardinero, por eso ideé como un jardín luminoso en el cielo. Pasó que mi estudio no necesita de aislamiento sonoro, ya que es un barrio demasiado tranquilo y silencioso. Cuando estaba grabando el tema siento en los auriculares al fondo un coro de pájaros y se me ocurrió captarlos, porque después de todo había que recrear un jardín.” En “El show de la evolución” Aiello también le canta a los inmigrantes en ‘Paradisoamericano’, con Piero; y a los sueños y utopías en ‘Carnaval (Hoy tengo un sueño)’ en torno a la frase de Martin Luther King: “I Have A Dream”.

Magos y poetas
Llegamos al disco que les quiero recomendar. Aquí Aiello le abre la puerta al tango y al folklore, músicas que no le son ajenas. En su Villa María natal creció escuchando Almendra y Los Beatles, bajo la mirada de su padre, un puntano cantante de tangos y boleros que había armado una orquesta en Córdoba (el folklore aparecería después, de la mano de las endiabladas texturas armónicas del Cuchi Leguizamón).
Y ya desde el inicio, con ‘Zamba amanecida’, de su autoría, Cacho Aiello  nos revela su sensible pluma al son de una zamba en tiempo de chacarera. Pero es en ‘Litoral’ donde explica su intención y reconoce que el paisaje de Penny Lanne se le mezcla con el de Atahualpa Yupanqui: “Yo no soy del litoral, no crecí bailando chacareras / ni en el valle bagualeao ni a los cerros les conté mis penas / y el cantor decía de los barcos (de mi voz), magos y poetas somos los argentinos / yo no soy del litoral pero tengo algo que contarte…”. (Es cautivante escuchar el final del tema a ritmo de chacarera con los acordes de una canción de los Beatles)
“Es imposible pensarme sin ellos –dice acerca de su influencia - Tengo el retrato de Lennon en el estudio y, ante la mínima duda, lo consulto. Es un concepto estético que me parece, al día de hoy, insuperable.”
La elección de ‘Viejo corazón’, de Polo Jiménez tiene su explicación no sólo por la belleza insondable de este bailecito, sino también porque Jiménez creció en Córdoba desde los dos años; pasa algo similar con ‘Doña Ubenza’, de Chacho Echenique, integrante del mítico Dúo Salteño y discípulo del Cuchi Leguizamón, héroe del compositor cordobés.
En cuanto al tango, Aiello aborda en formato de balada a ‘Como dos extraños’, mítica composición de Laurenz y Contursi escrita en 1940 (que todavía posee una certera vigencia), además de interpretar ‘Nieblas del Riachuelo’, de Cobián y Cadícamo y ‘Soledad’, el tango-canción de Gardel y Le Pera. “Me enamoré de esta canción a través de una versión que le escuché a Horacio Molina, que es un puente inevitable para los que venimos del rock, igual que el Chango Farías Gómez – dice Enrique acerca de ‘Soledad’ - Tuve la suerte de laburar en algunas grabaciones con él, y es increíble las armonías que toca. Y ése viene bien del folklore, ¿eh? No es que está transportando acordes del jazz al folklore, algo que no quería hacer: no me va tocar ‘Zamba del Laurel’ como un standard de jazz.”
En ‘Cuando yo me transforme’, el bello tema con música de Juan Carlos Ingaramo y letra de Litto Nebbia, Aiello encuentra la manera de homenajear a Ingaramo, otro gran músico y productor cordobés que inició su viaje musical con Los Músicos del Centro.
En cuanto a las composiciones propias, aparte de la ya citada ‘Litoral’, es diga de mención ‘Amor ausente’, con su resignada melancolía: “Aún siento tu caminar, veo tu sombra en las paredes, siento tu voz tan lejana, siento tu amor ausente / Aún siento tu caminar, veo tu sombra en las paredes, siento tu voz tan lejana, siento tu amor ausente…” Esta canción ha sido versionada por Facundo Toro y Abel Pintos en una lograda mixtura de zamba y baguala; Aiello en cambio prefirió para su tema algo más sutil, casi etéreo, para evocar ese amor ausente que a esta altura no sabe si existió o fue simplemente un sueño.
‘Casa iluminada’ cierra el álbum con una introspección evocativa: “Ay mi casa iluminada donde batallan duro la mente y el alma… y todo se detiene alrededor / Que buscamos hoy amor, que buscamos más que volver a casa…”
“Magos y poetas” es un tributo a grandes compositores que fue mutando y madurando a lo largo de tres años. Ente dudas y elucubraciones, el disco pasó por varios estados, pero finalmente recaló en un cristalino manantial donde Enrique Cacho Aiello refleja lo mejor de la música y la poesía de nuestra Argentina con una contundente combinación: técnica, afinación  y corazón.

sábado, 14 de mayo de 2011

BOCANADA

                           BOCANADA

Finalizaba el milenio cuando Gustavo Cerati se aprestaba a lanzarse a las arenas como solista. Estaba por cumplir sus 40 cuando todavía sonaban las gracias totales de los conciertos despedidas de Soda Stereo en River.
Técnicamente no era su debut en solitario, “Amor amarillo” (1993) fue el primero, pero había sido grabado en paralelo a su actividad con Soda. Esta vez era él sólo. Había estado trabajando con Ocio y Plan V, dos agrupaciones instrumentales vinculadas al ambient y a la electrónica, pero su razón de ser, sus canciones, aguardaban ser escuchadas. Ya sin la vorágine grupal, Cerati se mudó a una casa con fondo bien grande y al lado de la pileta construyó ‘Submarino’, el estudio donde grabaría las canciones de su futuro disco.
“Era un deseo que tenía desde hace mucho tiempo – contaba en esos días – Me hice un estudio en mi casa sabiendo que la comodidad de poder hacerlo ahí significaba no tener que cortar mi vida entre la familia y la música.”
Comenzó a trabajar con Flavio Etcheto (Ocio), luego con Leo García y finalmente se unieron el bajista Fernando Nalé y el baterista Martín Carrizo. Poco a poco fueron dando forma a “Bocanada” (1999): un espectro de canciones que se construyeron desde la guitarra; o elaboradas a partir de pedazos de músicas ‘sampleadas’, no con intención de realizar remixes, sino con el formato canción como destino final. Todo esto condimentado con cierto espíritu setentista, bien explicado por el propio compositor: “Hay como una relación con la música de los 70 sin que sea retro. Fue cuando empecé a escuchar música de verdad. Rock progresivo, rock sinfónico, Marc Bolan y Roxy Music. Entonces elegíamos los discos por los buenos que eran y los músicos competían por hacer mejores álbumes, no por vender más. Luego la industria metió sus patas y ahora no se escuchan discos enteros y se habla de singles y cortes”.
Cerati compuso, grabó y produjo “Bocanada” en el término de cuatro meses. No estaba interesado en hacer un disco de rock, ya había demostrado que venía de ese género. Estaba harto de los fundamentalistas del rock que no se movían de ciertas estructuras ya anquilosadas. “Digamos que Bocanada explica la separación de Soda; y creo que le va a interesar a la gente que está un poco harta de lo que ocurre alrededor – explicaba Cerati - Puse mucha música en este disco, aunque no es una honestidad brutal ni nada de eso. Tenía muchos más temas, pero había cosas que ya las había dicho antes y tampoco era necesario ese derroche de energía.”

Vuelta por el universo
Entonces para hoy el ejercicio será escuchar se principio a fin  “Bocanada”. No será una tarea difícil, al contrario, será muy placentero adentrarse en un mapa de ritmos, géneros y sobre todo, de canciones.
Comienza con ‘Tabú’, dueña de una rítmica intrincada y poderosa. La voz de Cerati, diáfana, cristalina, cruzando selvas y trepando montañas para alcanzar lo más preciado. Las guitarras y los samplers hacen el resto…
Al momento acústico de ‘Engaña’ le sucede ‘Bocanada’, una especie de bolero en plan trip hop con atmósfera densa no sólo por el humo: “Cuando no hay más nada que decirnos habla el humo, nada el humo y reina en espiral…” cantaba Cerati, fumador empedernido (más de cuarenta cigarrillos diarios desde los 18 años). El tema contiene fragmentos de ‘Eruption’ de Focus, banda holandesa que surcó los 70’s.
De la densidad de ‘Bocanada’ pasamos a la luminosidad de ‘Puente’, joya made in Cerati: “Aunque puede leerse como una canción de amor lo escribí pensando en la gente – explicaba Gustavo – Nunca lo había hecho, pero tiene que ver con la cantidad de personas que me preguntaban cuando iba a salir el disco, qué iba a hacer o si se volvía a juntar Soda Stereo. Son situaciones poderosas con las que convivo cotidianamente.”
Inspirada en un dibujo de su hijo, Benito, ‘Río Babel’ tiene que ver con el lado electrónico de Cerati y es cautivante ‘dejarse fluir sin un fin más que fluir’ bajo ese ritmo cansino y magnético.
Promediando el disco ‘Beautiful’ nos propone una paz relajada tanto en su música como en su letra y ‘Perdonar es divino’ nos dan coraje para aventurarnos con ‘Verbo carne’, de gran tensión dramática apuntalada por una orquesta sinfónica dirigida por Gavin Wright (conocido por su tarea en el primer disco de Massive Attack), que grabó en los míticos estudio Abbey Road. “Cantar sobre esa orquesta fue maravilloso – contaba emocionado – Creo que fue uno de los momentos más altos que viví como cantante. Hice seis tomas de voz sólo para relamerme, porque con la primera ya casi estaba. Y no es siempre así: a veces tardo mucho en hacer una buena voz porque estás tratando con emociones y si te vas un poco, si perdés concentración se nota, por lo menos yo lo noto y me persigue toda la vida.” (Cerati quedó tan encantado con la experiencia que grabó más tarde “11 Episodios sinfónicos”, 2002).
Le sucede ‘Raíz’ (con fragmentos de ‘Del aire al aire’, canción de los Jaivas, de su celebrada “Alturas de Machu Picchu”), que podría ser la segunda parte sofisticada de ‘Cuando pase el temblor’ y ahí está, coronada de teclados simulando sikus y quenas, la voz de Gustavo: “Qué otra cosa es un árbol más que libertad? / y si te abrazo es para sentir / que a nuestro amor nunca podrán sacarlo de raíz…” (El tema se iba a llamar ‘Yague’, en alusión a la ayahuasca, planta alucinógena con la que Cerati tuvo una experiencia.) A un pasaje instrumental en plan Ocio, le sucede ‘Paseo inmoral’, con letra de Francisco Bochatón, de pura seducción y música endiablada que nos prepara para pasar una noche muy larga: “un paseo inmoral, noche de longevidad…”.
Haciendo un paréntesis, hay que reconocer que Cerati es un compositor que puede trabajar sus letras como imágenes; construir frases que le suenen bien para determinado tema; o buscar una palabra en el “Diccionario artístico de Gustavo Cerati”, un proyecto que comenzó a sus 15 años, una suerte de libro de historia, acordes, música y raconto de todas las palabras que le gustaban de un enorme diccionario que había en su casa. “Una ridiculez – confesó Gustavo alguna vez – pero hay veces que necesito alguna idea o algún concepto de algo que tengo en mente y cuando divago por ese diccionario a lo mejor aparece lo que estoy buscando. No ocurre habitualmente, pero siempre está ahí cerca, a mano.”
¿Será casualidad que Cerati se haya inspirado en el Borges de ‘El jardín de los senderos que se bifurcan’ para componer la irresistible ‘Aquí y ahora’?, no lo sé, pero lo cierto que el cuento de Borges que habla de infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos, tiene que ver a lo que apunta Cerati: “En los tres primeros minutos se escribió la historia, precisamente todo está pasando, aquí y ahora…”.
Una coda instrumental da lugar a ‘Alma’, la última canción con letra del álbum (“Bocanada” cierra con ‘Balsa’, una música instrumental onda ambient que no suma ni resta nada). En cambio ‘Alma’, con la guitarra virtual tremolada y los sintetizadores dibujando ensoñaciones mientras Gustavo nos canta: “sugiero que nos quedemos atentos por las siglas de los siglos…” nos hace extrañar mucho, mucho, esa entrañable voz.
“Hola, siempre te encuentro…” son las últimas palabras pronunciadas por Gustavo Cerati en este disco.
Ha pasado un año de su accidente cerebro vascular. Un párrafo del último parte médico, desde la Clínica Alcla, dice que el paciente sigue con “asistencia respiratoria mecánica y manteniendo un plan de desvinculación progresiva del respirador. Continúa con su plan terapéutico habitual, trabajando en las diferentes áreas de rehabilitación”.
Su madre, Lilian Clark, declaró en Visión 7 que nota reacciones: “Yo le digo: ‘Gustavo, vino mamita’, y el me agarra fuerte la mano…”
Nosotros, mientras tanto, esperamos…