miércoles, 19 de enero de 2011

Mas que loca

                                              
                          MÁS QUE LOCA

Silvina Garré acaba de lanzar “Más que loca (Canta a Litto Nebbia)”, exquisito disco por donde se lo mire, compuesto por catorce canciones de todas las épocas del  rosarino
“Más que loca” es la realización de un sueño, pero también marca el regreso de una artista con mayúsculas. Ya había amagado en el 2009 con sus presentaciones compartidas con Nito Mestre y ahora es el turno de mostrar este disco que refleja una Silvina Garré tranquila, reposada, que conserva la bella voz de siempre, protegida y acompañada por el autor de esas canciones, quién la arropa con teclados, guitarras y voces. Hay artistas invitados, que en momentos puntuales, aportan su talento para brindar su toque personal: Rodolfo García en batería y voz en tres temas; Patricio Villarejo pone el cello en dos canciones; Diego Clemente grabó guitarras y quenas en dos; y Juan Carlos Ingaramo, batería en una canción.
“Yo tenía un sueño: hacer un disco como intérprete, con canciones, profundas y originales que pertenecieran a un mismo autor/compositor  – dice Silvina Garré en el libro del disco - Además soñaba con que este autor produjera y arreglara el disco y que fuese alguien a quien yo respetara no sólo musicalmente, sino también humanamente.
El primer nombre que me vino a mi mente fue el de Litto Nebbia, quien además de ser un músico extraordinario, es un hombre sensible, honesto y generoso. “Más que loca” es un trabajo que atesoro, me hace feliz y enorgullece, pero principalmente es la realización de un sueño.”
El repertorio que eligió Silvina es variado y va desde ‘Nadie es tan importante como uno cree’, temazo que data de 1978 hasta ‘Si te vas’, con letra del salamanquino Juan Mari Montes, con quien Nebbia grabó “Soñando barcos” (2009), editado en España. En el medio, de todo como en botica, pero todo muy bello, No podían faltar los clásicos ‘Solo se trata de vivir’, ‘Nueva zamba para mi tierra’ y ‘Para John’ (dedicado a John Lennon); pero también hay perlitas de la discografía nebbiera que valen la pena ser recreadas por la Garré: ‘Está en tus manos’, ‘La canción del mar’, ‘Cuando yo me transforme’ y ‘El mundo se alejó’.
La columna vertebral de este álbum la componen dos grandes discos de Nebbia: 1981”, considerado el álbum perfecto de Nebbia (este año cumple treinta pirulos, todo un número para festejar y recordar). No es casualidad que Silvina eligió de ese álbum: ‘Recuerdos en un taxi’, la ya citada ‘Para John’ y ‘Más que loca’, el tema que titula este tributo, que parece escrito para la exquisita vocalista.
Hay otro disco con presencia fuerte, “Sólo se trata de vivir” (1981), otro peso pesado en la carrera de Nebbia, Silvina extrae de allí: ‘Gente que no sabe lo que quiere’, ‘Nadie es tan importante como uno cree’ (en su segunda versión),  y por supuesto, ‘Sólo se trata de vivir’.
También están ‘Dos que ya no cambian’, con letra de Eduardo Mignogna y ‘Tristeza en los andenes’, con letra del rosarino Hugo Diz, que componen un grupo selecto de temas compuestos entre Nebbia y ‘parceiros’ destacados.



Dos almas que se encuentran
Silvina Garré se hizo conocida cuando se presenta en Buenos Aires con Juan Carlos Baglietto y su banda (Rubén Goldín, Fito Páez entre otros). Presentaron con un éxito rotundo "Tiempos difíciles" (1981). Esas voces, los arreglos, la propuesta eminentemente acústica cautivaron muy pronto a la gente. El repertorio era totalmente rosarino: Adrián Abonizio, Fito Páez, Rubén Goldín y Jorge Fandermole, que había aportado 'Era en Abril', una densa y oscura balada cantada a dúo por Baglietto y Garré que le brindó a Silvina la carta de presentación, el reconocimiento del gran público.
El 19 de marzo de ese año participó en un recital realizado en Rosario en el estadio de Newell’s Old Boys, con la participación de músicos rosarinos, de los viejos y de los nuevos. Se edita un disco, "Rock Rosario '83", en el que se la puede disfrutar a Silvina cantando 'Vieja rata' de Lalo de los Santos, ‘Se fuerza la máquina’ con Baglietto  y 'Paseo americano' de y con Litto Nebbia.
Debuta discográficamente con "La mañana siguiente" (1983), pero es en su segundo disco, “Creerás en milagros”, cuando canta otro tema de Litto, ‘Sereno como aquellas mañanas’, tema que atesora por mucho tiempo (en este disco debuta como compositora con la excelente balada ‘Palmas azules’).
Para completar su excelente año, Garré es convocada por Nebbia para cantar en la banda de sonido de "Evita, Quién quiera oír que oiga" (1983), film escrito y dirigido por Eduardo Mignogna. La música de la película, compuesta por Nebbia, contiene pasajes instrumentales y tres canciones con letra de Mignogna: ‘De voz en voz’, ‘Como mujer a mi hombre’, y la principal, ‘Quién quiera oír que oiga’, que se convirtió en un himno cuyo estribillo dice: "Si la historia la escriben los que ganan / eso quiere decir que hay otra historia / la verdadera historia, quién quiera oír que oiga…”  (Este tema lo volverá grabar en el 2005 en “Canciones sin tiempo”, álbum que recopila sus clásicos grabados en nuevos formatos instrumentales).
En 1985 se encuentra con Nebbia nuevamente. El compositor la convoca para que participe en la banda de sonido de “Luna caliente”, film de Roberto Denis basado en una novela de Mempo Giardinelli (canta en dos versiones ‘Un camino nos separa’).
Luego Silvina toma vuelo y comienza a editar discos con canciones propias hasta que en 1995 comienza un período de silencio discográfico que dura doce años en el que completa la carrera de psicología (ejerció sólo un tiempo). Luego, por insistencia del músico y amigo Diego Clemente, graba “El deseo” (2007), que marca su retorno a la escena argentina.
El reencuentro con Nebbia se produce cuando el rosarino lanza el monumental “Una celebración al rock argentino” (2010) e invita a participar a Garré y su banda con ‘Solo se trata de vivir’ (cantará la misma canción en uno de los recitales en homenaje al Bicentenario en mayo del año pasado).
“Conocí a Silvina cuando llegó de Rosario con la tropa de Baglietto, me gustó como cantaba. Nos fuimos conociendo y en muchas ocasiones interpretó alguna canción mía - cuenta Nebbia a modo de cierre de esta columna - Pero luego creció y comenzó a escribir sus propios temas. Festejé realmente esto, porque una mujer que con el ambiente que hay en el país, se mete a ‘songwriter’, está bravo como apuesta. Salió airosa. Con discreta armonía y sutil melodía, supo atesorar bellas canciones, que dichas en su voz permanecieron doradas.
Luego pasaron años que no la vi por ningún lado. Hasta que nos encontramos a tomar un café y me sorprendió gratamente confesando que deseaba cumplir un sueño; se trataba de hacer un disco con sólo canciones mías, y también que me ocupara de tocar y producir la música en el estudio. La única condición era que Silvina elegiría el repertorio.
Así nació este álbum, el cual tiene un pacto secreto. Se trata del respeto que cada quien tiene por el otro. Me convocó para que yo haga lo que quiera, y actué pensando que ella tiene que cantar como quiera.”

Más que loca (Litto Nebbia)
Ayer te vi con tu vestido de papel
Paseando sin saber en donde estaba el bien y preguntando por el mal

A nadie le sorprende verte caminar por la gran ciudad
Yo sé que para ti la vida no termina aquí.

¿Quién te aceptará? ¿Quién comprenderá?
Que una mujer también puede elegir...

La vida es dura si tratas de vivir siempre a tu manera
Seguro eso no es lo que la corriente espera de ti

Y me pregunto, ¿Quién perderá tu miel?
¿Quién te dará un racimo de uvas para compartir?

¿Quién te aceptará? ¿Quién comprenderá?
Que una mujer también puede elegir...

domingo, 26 de diciembre de 2010

OTROS VILLANCICOS



                                               OTROS VILLANCICOS

Sí, ya sé que recién pasó la navidad, pero este domingo es 26 y todavía estamos con el espíritu navideño (espero) como para hablar acerca de músicas navideñas y de algunos villancicos porque, ¿ustedes no están un poco cansados de escuchar siempre los mismos villancicos? Está todo bien con ellos, pero cada año que pasa aparecen irremediablemente cual ardillitas parlanchinas y llega un punto en que decimos: ¡basta por favor!
Es por ello que en este espacio hablaremos de otros villancicos, es decir, de algunas músicas con espíritu navideño, pero no tanto, ¿vió?


Navidades rockeras
En el rock argentino hay muchas canciones que hacen referencia a la navidad, y no precisamente desde el costado tradicional: David Lebón tituló a una de sus bellas canciones amor ‘María Navidad’ (pueden disfrutarla en “Nayla”, 1980) y llegó aún más lejos cuando grabó junto a su hijo una versión de ‘Navidad blanca’ en “Siempre estaré” (1985).
Su coequiper en Serú Girán, Charly García, también hace referencia a este tema en la época de su sinfónica La Máquina de Hacer Pájaros, cuando canta en ´Bubulina’: “Navidad en el cielo, Bubulina se llevó mi amor; el tiempo exacto entre los dos nunca murió…”.
Yendo más atrás, un joven Flaco Spinetta cantaba en 1969 en ‘Gabinetes espaciales’, simple de Almendra: “…y en navidad todos se juntan; y explotan bombas en la Luna…”
León Gieco escribió en 1973 ‘La Navidad de Luis’, pero recién la editó como simple en 1980 cobijado por el sello Sazam Records. Aparece en su compilado oficial, “7 años” (1980) y más tarde la revesiona en “Desenchufado” (1994) y en “El vivo de León” (2003).
Como otras canciones de Gieco, estuvo prohibida durante la dictadura militar, pero, paradójicamente, como otras de sus compañeras, vería la luz ante que se terminara ese período. ‘La Navidad de Luis’, que la incluyó Mercedes Sosa en “Escondido en mi país” (1996) a dúo con el propio compositor,  contiene una letra sencilla, pero emotiva: comienza con la patrona de Luis que le ofrece a éste un pan dulce y un poco de vino para que lo lleve a su casa. A la propuesta, Luis responde: “Señora, gracias por lo que me da, pero yo no puedo esto llevar, porque mi vida no es de Navidad / Señora, cree que mi pobreza llegará al final comiendo pan el día de Navidad / Mi padre me dará algo mejor, me dirá que Jesús es como yo y entonces así podré seguir viviendo….”
Parece que el líder de Ataque 77 decidió cerrar el capítulo de su banda para fundar con integrantes de El Otro Yo y Cabezones, la agrupación Jauría (ya lanzaron su disco debut), pero tenemos que recurrir a “Dulce Navidad” (1989), el disco debut de Ataque 77. Desde allí relatan con tono amargo en ‘Papá volvió borracho a casa (Navidad)’: “Felices Navidades para todo el mundo / Papá llegó borracho como de costumbre / Año nuevo, vida nueva, Año nuevo, impuesto nuevo / Año nuevo, sin champagne, sin pan dulce, sin caviar / Navidad, Navidad, Dulce Navidad…”
Por allí anda el Pelado, Luca Prodan, furioso, arremetiendo contra todo y burlándose de las tradiciones ya impuestas, haciendo su versión del villancico ‘Noche de paz’ (“After Chabon”, 1987), cantando en alemán e inglés, alternado en español la estrofa: “Noche de paz, noche de amor, todos acá por favor / mamá e hijo con antifaz, disfrutando de su noche de paz / sueñan un sueño imposible…”
Los Divididos, en clave de baguala-blues, desde su “Vengo del placard de otro” (2002), compusieron un anti-villancico titulado ‘Villancico del Horror’. Con su habitual ironía y su particular manera de escribir sus letras, Mollo canta: “Feliz navidad, explotó el pesebre, triángulo santo / Quema niño, petardo arrepentido se negó a explotar / Linyera en la axila del 24 al 6 / Napita como aljibe de 1803…”                           
El rosarino Lalo de los Santos, ya fallecido, publicó en su disco debut, “Al final de cada día” (1984), ‘Reflexiones de Navidad’, donde da cuenta de sus impresiones: “Navidad se sufre entre farsas y engaños / de demonios que son santos una vez al año…”
En su disco-libro “Una mirada” (2004), otro rosarino, Litto Nebbia nos muestra ‘La navidad en el mundo’: “Un día sincero quizás tenga menos de lo que alguna vez aposté / En una aldea cualquiera sin tiempo, sin raza precisa / Sin nadie que apure o invada la prisa con un solo día en común porque es navidad…”

Navidad de reserva
Él Mató a un Policía Motorizado es una banda de La Plata que combina el punk rock con el Noise rock que cuenta entre sus influencias a los Pixies, Ramones, Sonic Youth y The Velvet Underground.
Luego de editar “Él Mató a un Policía Motorizado” 2004, la banda se propuso realizar una trilogía de discos cortos (EP), dedicados al nacimiento, a la vida y a la muerte: “Navidad de Reserva” (2005), “Un Millón de Euros” (2006), y finalmente, “Día de los Muertos” (2008).
“La idea nace de querer hacer discos con personalidad, que el álbum sea en sí una obra, con cierta armonía en el concepto principal – comenta Santiago Motorizado, uno de sus integrantes - Lo primero que salió fue la idea de un disco de navidad. Yo estaba escuchando bastante Elvis y Beach Boys, y veía como en una época era un recurso comercial casi obligatorio, salían cosas muy buenas y mucha basura, claro, pero como siempre. Esta buena la idea de hacer eso ahora, fuera de contexto, con una estética más argentina, de calor, decadencia y amor violento.”
“Navidad de reserva” te introduce en un viaje durante 24 minutos de atmósferas sónicas en diferentes estados de ánimo. La audición se torna adictiva a medida que se avanza en el mundo real y descarnado en tiempos de navidad que pintan los platenses. El martilleo incesante de la batería, el pulso del bajo, y las capas de guitarras acentúan las letras cantadas como al pasar, en pocas líneas, pero trazando imágenes contundentes.
“Te persigue la policía en navidad / Es la fiesta que te prometí…” cantan en ‘Navidad en los santos’. Se acuerdan de los desclasados en ‘Viejo ebrio y perdido’; para luego, describir rudamente: “Ellos chocan sus autos en frente nuestro y esperan la atención de todos, siempre / Y yo acá, sangrando vas, el héroe y la muerte están brillando en la arena…” (‘El héroe de navidad’).
Bajan los decibeles en ‘Noches buenas’, bosquejando en pocas palabras una nochebuena: “Estrellas, de verdad, sidra en vasos de metal / Estrellas de verdad, sin pensar y sin hablar / Estrellas de verdad, en la mesa brindarán / Buenas noches, buenas noches, buenas noches...”.
Hay también lugar para el desamor en ‘Navidad de reserva’: “Esta mañana dijiste que no ibas a volver, no importa, es más cómodo así, destruyo mi cuerpo con drogas y alcohol / Nuestra navidad de reserva…”.
En ‘Villancico del final’, acotan: “Calor que quema, se termina la noche, no va a volver, vas a llorar, sos un blando y quema….”; para terminar a todo trance con ‘El árbol de fuego’ cantando sólo dos frases: “Otra navidad…” y “Muerto en navidad…”, intercaladas por la grabación de una muchacha hablando a través de lo que parece un contestador telefónico, mientras Él Mató a un Policía Motorizado sigue sonando, las guitarras cortando la atmósfera de la noche navideña y la frase “Otra navidad…” continua dando vueltas en nuestras cabezas, anunciando que ha pasado otra navidad; o alertando que hay otras navidades, además de la de las mesas abundantes y los arbolitos cargados de regalos.



sábado, 4 de diciembre de 2010

Obras maestras (gatos)

                                             OBRAS MAESTRAS

“El más pequeño gato es una obra maestra.” (Leonardo da Vinci)

A ver: ¿a ustedes le gustan los gatos, o los perros? Porque no me van a negar que hay toda una rivalidad en esta cuestión con un buen cúmulo de razones a favor de ambos bandos. Unos esgrimirán el señorío, el misterio y la pulcritud de los gatos; los otros citarán la bonhomía, la lealtad y el celo de los perros. En cuanto a civilizaciones milenarias, los egipcios adoraban los gatos, ignorando a los perros; en contrapartida, el zodíaco chino posee un signo para el perro, y el gato está ausente.
Todo un tema doméstico, aunque en este espacio el planteo de mi parte ya está definido: si bien me gustan los perros, prefiero los gatos (Harry puede dar fe de ello) y es por esa razón que les traigo músicas y letras que intentan pintar una aproximación al amor que tenemos algunos humanos hacia los gatos.

Pasa algo con los gatos y la música, sino como se explica que dos de los más grandes músicos argentinos se apodaran Gato (Leandro ‘Gato’ Barbieri y Astor Piazzolla, a quién sus amigos y allegados lo llamaban ‘Gato’). Otro músico argentino radicado en España, ya fallecido, lucía orgullosamente su apodo, el rumbero Gato Pérez, el de ‘Gitanitos y morenos’ que popularizó aquí en los ’80 la bella Silvina Garré, (dicho sea de paso compuso ‘Todos los gatos son pardos’).
Si serán importantes los gatos que hasta tienen una danza folklórica con su nombre. Es un baile agraciado y elegante en el que la pareja baila separada, dibuja un juego amoroso, con en el hombre persiguiendo a la mujer. Según la región, el gato puede ser cordobés, polquiado, patriótico, cuyano, encadenado o con relaciones.
Y hablando de folklore, el genial Cuchi Leguizamón tiene algo que decir acerca de los gatos. Con su proverbial manera de contar anécdotas, nos relata una historia acerca de los gatos, en una entrevista realizada por Mona Moncalvillo: “A los gatos los crían, por lo general, las muchachas solteras que hacen la transmigración del amor que no vino con un amor que se va. El gato siempre se va. Pero el gato se las rebusca para tomar la mejor leche, para comer la carne más fresca, pero eso hasta las seis, siete de la tarde, que mantiene la ficción del domesticado, porque no hay solterona que no cree que su gato es domesticado y lo cree una maravilla. Pero cuando aparecen las primeras sombras ya está en el tejado librando sus terribles batallas de amor. Y al otro día aparece herido, sangrante, sucio y la niña exclama: ‘¡Ay mi gatito!’, y lo baña, y le da leche, y le da la mejor cama. Y al otro día vuelve a hacer lo mismo. Los gatos de Salta estaban tan preocupados que han consultado a los psicólogos, y éstos han hecho un estudio y han declarado que todos los gatos de Salta son machistas, que son sádicos, perversos, y le han recomendado terapia de grupo. Y como ya algunos gatos habían conocido el suburbio salteño, que es bastante parecido al porteño, pensaron con razón que el grupo era la terapia…”
María Elena Walsh, compositora de excepción que transitó el folklore y el género trovadoresco, creó en su hermosa obra para niños un verdadero universo gatuno: está el gato Confite, que sufría un terrible dolor de muelas. Justamente fue su enemigo, el perro dentista, quién le recetó como cura un bombón de pescado, porque se apiado del pobre Confite, que sentía la más grande de las penas, la tristeza gatuna. En su ‘Chacarera de los gatos’, María Elena habla acerca de tres morrongos que viajan a Tucumán con la intención de participar en un concurso de belleza para gatos, sin saber que era un concurso… para gato y chacarera. Luego declararían que “Tucumán es feo y triste porque el gato allá no existe.”

Un músico argentino (y rosarino) que es amante de los gatos (y los perros) es Litto Nebbia. Orejita, el gato de su niñez; Judicci, blanco, con cara de rusito; Ramoncito, de su estadía en México; y Lorenzo, todo un caballero, son sólo algunos de los gatos que el ex Gato tuvo a los largo de su vida (y sus divorcios).
“Todo esta locura por los gatos no tiene nada que ver con el nombre de mi grupo de adolescencia – cuenta Nebbia en su biografía - Es cierto que a Ciro Fogliatta (mi compañero con el que formamos el grupo) y a mí nos gustaron siempre los gatos, pero, a la hora de elegir un nombre para el grupo, surgió porque estéticamente nos agradaba y nada más… Es cierto que la figura del gato está relacionada con la noche, la bohemia, la libertad, su independencia, la astucia, la música y las siete vidas… Aún así, cuando me preguntan: ‘¿Por qué le pusieron Los Gatos…?’, respondo por nada en especial…”

Otro loco por los gatos fue Freddie Mercury. Cuando en 1985 lanzó su disco solista “Mr Bad Guy”, escribió en la portada del álbum: “Dedico este disco a mi gato Jerry, también a Tom, Oscar y Tiffany, y a todos los amantes de los gatos de todo el universo. Los demás que se jodan.”
Pero años más tarde Mercury fue más lejos: publicó una canción dedicada a su gata en “Innuendo” (1991), el último disco de Queen en el que participó en vida, no sin tener resistencia de algún integrante del grupo (Roger Taylor). La canción se llama ‘Delilah’ y en ella Mercury habla de  su gata favorita con adjetivos del calibre de impredecible, irresistible, inocente y manzana de mis ojos. Cuentan algunos allegados que Delilah estaba en la cama junto a Mercury cuando éste falleció en noviembre de 1991.

Jorge Luis Borges, uno de los más grandes escritores que nació en esta tierra, creador de bellos poemas que son música, fue un gran amante de los gatos. Por ejemplo, Borges escribió en ‘A un gato’, “No son más silenciosos los espejos ni más furtiva el alma aventurera / Eres, bajo la luna, esa pantera que nos es dado divisar de lejos / Por obra indescifrable de un decreto divino, te buscamos vagamente / Más remoto que el Ganges y el poniente, tuya es la soledad, tuyo el secreto / Tu lomo condesciende a la morosa caricia de mi mano / Has admitido, desde esa eternidad que ya es olvido, al amor de la mano recelosa / En otro tiempo estás. Eres el dueño de un ámbito cerrado como un sueño.” Pedro Aznar le puso música a este poema y lo publicó en “Caja de música” (2000), disco en el que Aznar musicaliza diez poemas de Borges y lo interpreta en vivo, con invitados.
Borges tuvo varios gatos, Odín, que le sobrevivió casi diez años; y Beppo, un gran gato blanco que se llamaba así por un gato que tuvo Lord Byron. “Nadie cree que los gatos son buenos compañeros, pero lo son – dijo alguna vez - Estoy solo, acostado, y de pronto siento un poderoso brinco: es Beppo, que se sienta a dormir a mi lado, y yo percibo su presencia como la de un dios que me protegiera.”.
Dicen que don Jorge Luis le escribió un poema cuando su mucama le contó que Beppo jugaba y atacaba su propia imagen en el espejo: “El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo / y no puede saber que esa blancura / y esos ojos de oro que no ha visto nunca en la casa son su propia imagen. / ¿Quién le dirá que el otro que lo observa es apenas un sueño del espejo? / Me digo que esos gatos armoniosos, el de cristal y el de caliente sangre, / son simulacros que concede el tiempo, un arquetipo eterno. Así lo afirma, sombra también, Plotino en las Ennéadas. / ¿De qué Adán anterior al paraíso, de qué divinidad indescifrable somos los hombres un espejo roto?”

Surge la siguiente pregunta, ¿por qué a los gatos se los asocia con chicas licenciosas y de vida ligera? Se puede citar ‘Gata de noche’, de Vox Dei; o ‘Rock del gato’, de los Ratones Paranoicos. Lo dejamos así, de otra manera nos adentraríamos en un terreno demasiado escabroso.
Finalmente, para calmar las aguas del otro bando en cuestión, prometo que en el futuro en esta columna aparecerá, como corresponde, un artículo dedicado a los perros, porque nobleza obliga, se lo merecen tanto como los gatos.

sábado, 27 de noviembre de 2010

¡Ed Motta es música!


                   ED MOTTA ES MÚSICA

“Ed Motta no es músico - escribió el especialista Rodrigo Brandao en la gacetilla de prensa que acompañó el lanzamiento brasileño de “Poptical” (2003), séptimo álbum de su carrera - Es música, de la cabeza a los pies. Canta, toca, compone, produce y arregla. Pero, además de eso, respira música las 24 horas del día.”
Nativo de Rio de Janeiro, Ed Motta creció entre discos de vinilo en el barrio de Tijuca. Su madre contaba que de niño no le gustaban las canciones infantiles, su primer tema fue ‘You’re the Sunshine of My Life’, de Stevie Wonder. A pesar de comenzar a coleccionar historietas, la música pudo más y su obsesión de coleccionista lo ha llevado a poseer más de ¡30.000 vinilos!, de los cuales confiesa no tener uno preferido aunque ante los argentinos dice que atesora algunas rarezas como los primeros álbumes solistas del bajista Alfredo Remus o el segundo trabajo de Pescado Rabioso.
Pero Ed no se quedó solamente con la locura de los coleccionistas, comenzó formando una banda de hard rock bajo los influjos de Deep Purple y Black Sabath hasta que descubrió  el disco “Blow by Blow” de Jeff Beck que lo hizo retomar la senda de la música negra que había mamado desde sus inicios.
Ya en plan solista y luego de tres discos con buenas insinuaciones, graba “Manual prático para festas, bailes e afins, vol 1” (1997) y “Remixes & Aperitivos” (1998), que colocan rápidamente a Ed Motta en una buena posición en cuanto a ventas gracias a éxitos como ‘Fora da lei’ y ‘Manuel’; y lo más importante, estos discos se constituyeron en una fiel muestra de su perfil (aunque no el único): un brasileño con una gran voz (canta en portugués y en inglés y sus rangos vocales alcanzan los niveles de George Benson y Al Jarreau) que cultiva la música negra funk, soul y bailable con un gran dominio de una amplia gama de instrumentos.
En el 2000 Ed Motta prolonga la racha con “As segundas intenções do manual prático”, un disco con las intenciones bailables de sus predecesores, a pesar de contener baladas imbatibles de la talla de ‘Outono no Rio’ y de aproximaciones al jazz latino en ‘A Tijuca em Cinemascope’, un tema sin letra con el aporte vocal de Ed, más el aporte de un sampler de una voz femenina. Pese a la buena repercusión de estos discos, el cambio de década lo toma desprevenido a Ed. Decide pasar una temporada en Nueva York para volver con renovada energía y asociarse con Liminha, productor del mejor pop brasileño. Así nace “Dwitza” (2002), un álbum casi íntegramente instrumental donde Ed desarrolla su capacidad como instrumentista ejecutando esos teclados que tanto le gusta usar y que aparentemente están pasados de moda (piano Rhodes, Mini Moog, Oberheim, Arp String Ensemble y otros teclados vintage); además de utilizar su maravillosa voz como un instrumento más (en muchas canciones utiliza la técnica vocal del scat y muy a menudo canta palabras inventadas). “Fue un disco atípico – explica Ed - Pero me pasé la vida escuchando jazz instrumental, a trompetistas, saxofonistas, pianistas, y quise darme un gusto personal.”
Luego de “Poptical” (2003), un disco mayormente intimista, Ed Motta da rienda suelta a su imaginación con “Aystelum” (2005), combinando el free jazz con los musicales de Hollywood y acentuando los juegos vocales con la inclusión de instrumentos pasados de moda que él solo utiliza, pintando la mayoría de los registros de un tamiz un tanto inaccesible.    
Es cierto que tanto “Dwitza” como “Aystelum”, gozan del prestigio de la crítica especializada europea, norteamericana y japonesa debido a su formato arriesgado y conceptual; mientras que sus discos más comerciales tienen mayor aceptación en Brasil.  
Luego de tres años de silencio discográfico, Ed Motta, siempre inquieto,  edita en el 2008, “Chapter 9”, cantado casi íntegramente en inglés, prescindiendo del funk y el soul que lo caracteriza, para dedicarse a baladas que reflejan los standars de los años 50, cantando letras de Claudio Botelho y Rob Gallagher (este último ex-miembro de la banda de acid jazz Galliano). 
Con su último registro, “Piquenique” (2009), regresa al pop que supo hacerlo conocido y al mismo tiempo, marca la primera colaboración en las letras con la caricaturista Edna López, su esposa hace veinte años, con quien nunca habían realizado algo juntos. “A pesar de que nunca lo hicimos, surgió espontáneamente – cuenta Ed - Comenzó como una broma mientras estábamos en casa tomando vino. Ella fue una gran influencia en este álbum. Considero mis discos como películas. Puedo hacer uno ambientado en una época, otro de investigación científica, de drama o incluso un western. Tengo un sentido bien cinematográfico de la música. Este trabajo es una oda a la alegría, un disco de música claramente pop y encarado concienzudamente de esa manera.”
“Piquenique” no tiene nada que envidiarle a “Manual pratico…” en cuanto a ventas e intención bailable. Desde el comienzo, ‘Minha vida toda com voce’, su primera pista, invita al baile con su optimismo irreductible, al igual que la deliciosa ‘A Turma da Pilantragem’, a dúo con Maria Rita, que te contagian las ganas de cantar (y vivir). Bajando los decibeles, es imperdible el dueto vocal y en composición con Rita Lee en ‘Nefertiti’, donde homenajean a su manera al gran Miles Davis con este tema homónimo a una composición del gran trompetista.
“Ya yo hice muchas cosas diferentes: música para teatro y cine, discos inspirados en el free jazz y otros de pop y funk - dice Ed - Espero no haber agotado todo lo que me falta por descubrir musicalmente.”

Ed Motta es un caso extraño de músico y de cholulo al mismo tiempo. Lo ejemplifica su devoción por Luis Alberto Spinetta. “En realidad, de Spinetta tengo todo. Almendra, Invisible y Spinetta Jade, que es la etapa que más me gusta – cuenta Ed entusiasmado -  No existe nadie igual acá. Sería culturalmente muy bueno para nosotros que tuviéramos un Spinetta. Lo que más recuerdo de mi último recital en Argentina fue mi necesidad de conocerlo. El también tocó en el mismo Personal Fest en el que yo actué en el 2007, y fui hasta su camarín para saludarlo. Es lejos uno de los grandes artistas de América latina. De México para abajo el asunto es con él.”
Se entusiasma hablando de discos de jazz argentinos (Jorge López Ruiz, el saxofonista Chivo Borraro, el pianista Fernando Gelbard) o pregunta por el guitarrista Agustín Pereyra Lucena, cultor de la música brasileña, de quien Ed compró todos sus discos en uno de sus viajes a Japón.
Para demostrar que Ed Motta es música, en cada lugar que visita o en cualquier entrevista que le realizan, se encarga de preguntar por los artistas del lugar o de pedir direcciones de disquerías que trataran en vano de saciar su apetito voraz por consumir música. A los que nos gusta Ed Motta no nos molesta su obsesión de coleccionista, siempre y cuando continúe creando sus joyitas musicales, alternando el pop bailable con los riesgos artísticos.



miércoles, 10 de noviembre de 2010

El hambre y las ganas de comer



    EL HAMBRE Y LAS GANAS DE COMER

Cuando estamos trabajando o haciendo alguna labor, es común que pongamos música para acompañarnos; esas músicas nos sirven, digamos, de compañía. En otros casos, se utiliza para ‘llenar’ un ambiente o local; y por supuesto, está la música que escuchamos en cafés, pubs; o que bailamos en las discos, bailantas u otros lugares bailables.
Pero hay discos (y músicos) que no se pueden escuchar con liviandad. Hay que poner todos los sentidos al servicio de esa música y esas palabras. Son canciones que requieren toda la atención, por su factura letrística, musical y por el propósito con que fueron creadas.
Este es el caso de “El hambre y las ganas de comer” (2010), disco compartido entre el músico Gabo Ferro y el escritor Pablo Ramos que contiene un ramillete de canciones que se meten en tu mente y cuerpo y te sacuden cual vendaval. Hay tres componentes madres en estos temas que los erige como fundamentales, imprescindibles: las letras de Pablo Ramos (por primera vez Gabo prescinde de escribir sus letras); la música de Gabo Ferro (abrevando de la música popular, pero siempre con su sello distintivo); y la voz de Gabo, tan bella como indescifrable, por momentos sensible, a veces desgarradora, siempre personalísima al extremo.
Pablo Ramos es un escritor que estoy descubriendo al mismo tiempo que ustedes, de quién se puede leer sus impresiones y algunos textos en su blog ‘La arquitectura de la mentira’. Pablo conoció a Gabo a través de ‘Madera rosa’, tema de “Canciones que un hombre no debería cantar” (2000), en un momento que estaba mal por un traspié afectivo.
Gabo Ferro es un trovador comprometido con la canción de este siglo (cuenta con dos libros publicados de investigación histórica) y conoció a Pablo Ramos leyendo ‘Cuando lo peor haya pasado’, su primer libro de cuentos. Se prometieron hacer algo juntos, pero fue recién cuando estuvieron a miles de kilómetros de distancia, que nació el proyecto.
Gabo, inmerso en el calor del verano porteño, y Pablo, desde un Berlín con 20 grados bajo cero, con una beca y trabajando en la corrección de ‘En cinco minutos levántate María’, su última novela, comenzaron, vía Internet a trabajar juntos. El puntapié inicial lo dio Pablo, cuando le mandó un mail a Gabo. “Yo sabía que Gabo estaba medio mal y le empecé a mandar mails – le cuenta Pablo a Página 12 - La excusa para los que me preocupan es mandarles mails, y él me preocupaba ese verano. Yo laburaba toda la noche, y cuando terminaba, en ese agotamiento del amanecer, le mandaba las primeras palabras del día. Se las mandaba en el cuerpo del mail, superando todo pudor, porque yo tengo faltas de ortografía cuando escribo, reviso mucho, no tuve una educación muy buena. Empecé a escribir letras; no poesías, letras, que no es lo mismo: soy músico aficionado y puedo entender una métrica, qué palabras necesita una canción.”
Gabo, por su parte y para el mismo medio, explicó: “Soy de los que creen que el que escribe trae, de un otro lugar, algo, y lo pone en esta dimensión. Esa cosa mágica es la manera en la que yo trabajo, tanto para interpretar como para componer una canción. Cuando leo o escucho algo que me conmueve no puedo evitar sentir que hay un lugar de origen donde esa autora o ese autor y yo tenemos algo en común. Y eso me pasó con él. Yo creo tener recuerdos anteriores de haber hablado con Pablo. Sé que nos conocimos en 2006, pero yo creo tener recuerdos de antes y me esfuerzo por encontrarlos. El no me resulta ajeno, físicamente no me resulta ajeno, su voz no me resulta ajena. Creo que hay un lugar original que no puedo explicar y un tiempo original que no puedo explicar. Cuando leí sus cuentos, leí sus trabajos, yo ya los conocía. Y hay momentos en los que leía y sabía lo que seguía en la página siguiente y no porque fuera predecible: conocía de antes ese texto. Somos dos instrumentos, uno de cuerda y otro de vientos pero que están afinados en la misma escala”.
El título del disco surgió después de que un hombre mayor se acercara a Gabo Ferro después de un concierto para preguntarle si el rumor acerca de que estaba por grabar un disco con Pablo Ramos era cierto. Gabo se lo confirmó y el hombre se fue preocupado, después de reflexionar: “Se juntaron el hambre y las ganas de comer”.

Las canciones
“El hambre y las ganas de comer” comienza con ‘Adiós’, tema de una tristeza indecible, mientras Gabo canta: “Cuando las promesas suden a palabras, a ilusiones vencidas / cuando sientas en mis manos la nostalgia de caricias perdidas / ese es el momento de decir adiós, es el momento de decirlo / Cuando al pensarlo parezca fue mentira, lo nuestro fue mentira / y evitemos la mirada, un encuentro que nos deje a la deriva / es el momento de decir adiós, es el momento de decirlo… Adiós, abracadabra de esta agonía / puñal de dos filos clavado en la espina / adiós amor adiós, hasta tal vez algún día…”
‘Codeína’ es otra de esas canciones que te noquean con un cross en la mandíbula con palabras surgidas, tal vez, de rasgos autobiográficos del letrista:
“Como la huella que nunca dejan, los pajaritos, las comadrejas / soy una nube, soy una estrella, un condenado arriba de un vagón / dos bolsas negras bajo los ojos, un gato chueco, otro pelirrojo, un arco iris, un arco y flecha / soy candidato a la crucifixión / Y en el cielo dibujo anzuelos, y en los baños falos extraños, y en las nubes gordos querubes… tengo la lengua como el camaleón… / Subo ascensores, bajo escaleras, rodilla rota rodilla entera / cinco jarabes de codeína (la cocaína, mamá, era peor) / hay un museo en un mausoleo que dice: ‘loco, pronto te espero’ / Hay una nota y es un silbido que va a llevarme derecho al olvido / Y en el cielo dibujo anzuelos, y en los baños falos extraños, y en las nubes gordos querubes… tengo la lengua como el camaleón…”
En ‘Oda paco’, con la participación vocal de Miss Bolivia, Gabo Ferro y Pablo Ramos te hacen reflexionar acerca de los desclasados, los sin nombre, los invisibles:
“(Meto de prepo mis cosas adentro donde estoy latiendo pero muerto)
Nací sin estrella vivo sin ella por tener coraje me crié en la calle /me refugio en ella con un poco de esto paco que es mierda pa’ vos / lleno la mesa de los que me acechan los tigres raros los dementes esos los habilitados pa’ regar mi sangre pa’ cortar mis manos / no elegí este lado no me odies tanto poco me queda / soy de los que duran pocas primaveras verás tan amarga y fría la gris nariz que es un poco lenta / y es mejor que meta mis cosas adentro donde estoy latiendo donde estoy muriendo / yo no soy tu hermano no tengo familia no soy descendiente de tu buena gente / no tengo grafía me faltan los dientes y mi geografía es la de la muerte / no tengo alma pa’ llevarme algo tengo que jugarme mano contra mano / cosecho entierros reparto daños nací y me dieron un fierro en la mano / y esto que es de piedra y dura un rato pa’ vos es mierda sociedad moral/ propiedad estatal documento único nacional identidad no hay / en la cárcel te dan siempre por atrás porque no hay lugar pa’ respetar / a quien no nació ni puede votar ese soy yo / yo soy el que está el que no se ve el que va tapado pero tiene fe un escapulario de mi dios urbano el que compensa tu mente violenta y rubrica sobre la boleta que justifica ese odio enfermo en tu cabeza (ay ay ay) / yo soy del color de esta misma tierra y no tengo nada más que la miseria / mi calma y mis huesos: mierda / mis ilusiones y mi suerte: mierda / mi soledad y mi muerte: mierda / mi humanidad y mis sueños: mierda / al taco: yo soy el que te fuma paco / al taco: yo soy el que se muere paco.”
En “El hambre y las ganas de comer” hay también despecho a ritmo de vals (‘Esta vez lo hiciste’); correntadas que se llevan todo pero que al mismo tiempo lavan la sangre de la última matanza (‘Agua zarpada’); homenaje a las Abuelas de Plaza de Mayo (‘Los que quieran’); mimos al corazón (‘Campito santo’); humor en un desentendido entre amantes (‘Azul’); y elucubraciones acerca del alma (‘Para caer’).
¿Quién sabe?, quizás la sociedad Ferro-Ramos perdure y continúe creciendo hasta transformarse en un clásico de la canción argentina de esta primera década del año 2000. De lo que no hay duda es que si dentro de 60 o 70 años alguien quiere bucear por su alma a través de una buena canción, podrá recurrir a “El hambre y las ganas de comer”, que seguirá tan fresco y lozano como la primera vez que alguien escuchó sus canciones.

martes, 2 de noviembre de 2010

Ay... mi amor...

Atención enamorados y desamorados, ahí va una guía para internarse a través de algunas canciones, por los raros e insondables vericuetos de nuestras pasiones. (Artículo publicado en el diario La Mañana de Bolívar, allí por diciembre del 2006).


                 AY... MI AMOR...


Desde los albores de la historia de la humanidad, en todas las manifestacións artísticas, el amor ha sido la principal fuente de inspiración para los artistas. Es que, ¿qué no hemos hecho los hombres por amor? Y hablo de los hombres, no por una cuestión de machismo, sino porque sólo apenas puedo hablar con cierto conocimiento de mi género y sus padecimientos.
Las historias de amor, como sus combinaciones, sus tragedias y sus finales felices, son infinitas. El destino, la casualidad, la crueldad, el engaño, el drama y tantos otros elementos entran en juego para que el amor continue, se desande o esfume. Y ahí vamos los hombres, detrás de quimeras, locuras o desvaríos; ahí vamos detrás de amores imposibles, prohibidos, para toda la vida o por una noche...
Y en el camino, en la búsqueda y en el soñar, está la inspiración, esa que hace a los poetas y a los compositores soñar despiertos, mientras tanto, nosotros, el resto de los hombres, sufrimos escuchando...
A continuación les brindo una lista de canciones ilustrativas sobre amores y desamores absolutamente personal que ustedes podrán agregar o quitar dependiendo de gustos o sufrimientos correspondientes:

Romance de Curro "el Palmo" - Antonio Vega o la tragedia de Curro:

"Ay mi amor, si tí no entiendo el despertar
Ay mi amor, sin tí mi cama es ancha
Ay mi amor, que me desvela la verdad
entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha..."

Canta Antonio Vega el tema de Serrat. Terrible canción de amor imposible. Himno al amor no correspondido. Al desamor se le suma la burla y Curro, luego de entregarse a toda clase de desenfrenos, muere cantando de pena...

Ruido - Joaquín Sabina o la crónica de una muerte anunciada:

"Descubrieron que los besos no sabían a nada
hubo una epidemia de tristeza en la ciudad
se borraron las pisadas, se apagaron los latidos,
y con tanto ruido no se oyó el ruido del mar..."

'La canción perfecta' de Sabina. Por la historia, por su poesía, por la música con la justa tensión dramática al servicio de la historia, por la exacta simbiosis entre letra y música. Para sufrir indefinidamente escuchando o para sufrir escuchando indefinidamente...

Lobo López - Kiko Veneno o la oportunidad desperdiciada:

"Iba el Lobo López tragando saliva
por no hablar a tiempo su amor se le iba
y pensar que ahí fuera hay todo un plantel
de chicas hermosas, flores temblorosas, por dejarse comer..."

¡Atención amantes de todas las mujeres! El tipo es un mujeriego empedernido pero hay una sola mujer que lo desvive. Está claro que Lobo López perdió su oportunidad por no decidirse entre el amor de su vida... y el resto de las mujeres...

De alguna manera - Luis Eduardo Aute o el manual para el olvido:

"De alguna manera tendré que olvidarte
por mucho que quiera no es fácil ya sabes
me faltan las fuerzas, ha sido muy tarde
y nada más, y nada más, apenas nada más..."

El terrible sufrimiento (y a menudo imposible) de intentar olvidar 'el amor' de nuestras vidas. Faltan las fuerzas, las horas se estiran, las noches te cercan y el recuerdo te atormenta... No se aconseja su audición en endeble condición anímica...


No te quiero sino porque te quiero - Antonio Vega o el amor a sangre y fuego:

"No te quiero sino porque te quiero y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a tí te quiero, te odio sin fin y odiándote te ruego
y la medida de mi amor viajero es no verte y amarte como un ciego..."

En un disco escondido, tributo a Pablo Neruda, Antonio Vega musicaliza este poema de Neruda que paraliza. La canción con aires acústicos transcurre lánguidamente 'a sangre y fuego'. Altamente recomendado (en dosis cuidadosamente prescriptas) para los torturados y desahuciados.

Isn't a Pitty (No es una lástima) - George Harrison o el final poco feliz:

"Isn´t it a Pitty (No es una lástima)
 Isn´t it a Shame (No es una vergüenza)
 How We Break Each Other's Hearts (Cómo nos rompimos el corazón el uno al otro)
And Cause Each Other's Pain (Y nos causamos dolor)
How We Take Each Other's Love (Cómo tomamos el amor del otro)
Without Thinking Any More  (Sin pensar nunca más)
Forgetting to Give Back  (Olvidándonos de devolverlo)
Isn't it a Pitty... (No es una lástima...)"

Digno cierre con esta terrible balada de amores y pérdidas. El gran Harrison canta y se desangra por ese final no esperado. El tema va in crescendo a medida que transcurre, al mismo tiempo que aumenta la pena y el desgarro...


Llegamos al final. Espero que les haya servido de algo este ramillete de canciones; algunas de ellas nos brindan cierto consuelo, otras son un bálsamo para nuestras penas.
Es así nomás, desde tiempos inmemoriales nos consagramos al amor con éxitos y fracasos. Lo buscamos con resultados inciertos, pero sin cejar, aún sin conocer las derivaciones y en que condiciones terminaremos en el intento.
Salud a los enamorados y a los desenamorados. Salud a los que celebran el amor, y a los que lo sufren, escuchando canciones...

P.D: un agregado que nunca apareció y que merece ser publicado. De un disco viejito de Jairo, “Flechas de neón”, con letras de Daniel Salzano y música del propio Jairo, va una bella canción sobre el amor que servirá de digno broche de cierre.

Canción de los aerolitos

Lo que dijo la sueca Ingrid Bergman
Al saber por quién doblan las campanas
Es lo mismo que dijo el mago Mandrake
Al ver dormir a la princesa Lana

Lo que dijo la novia de Gardel
Al sentir el rayo misterioso
Es lo mismo que dijo el Fantasma de la Ópera
Al ponerse para siempre la careta

Amor mío… amor mío….

Lo que dijo el mono King Kong
Lo que dijo el astronauta
Lo que dijo Ingrid Bergman
Lo que dijo el Fantasma
Es lo mismo que yo digo ante la máquina del bar
Cuando veo caer los aerolitos

Amor mío… amor mío…

miércoles, 27 de octubre de 2010

Palabras santas (Tributo al Cuchi Leguizamón)

Hola, les presento una reseña y transcripción de una gran disco en vivo del Cuchi Leguizamón que publiqué en el diario La Mañana (Bolívar).

                      PALABRAS SANTAS

El Cuchi Leguizamón fue un compositor fundamental de nuestra música popular. Sus obras reflejan refinamiento musical y la profunda raigambre que el compositor tenía con su medio ambiente. Sus temas, escritos junto al poeta Manuel J. Castilla, poseen entidad de clásicos. Gran parte de los músicos actuales en algún momento de sus carreras han caído bajo su influjo (podríamos rastrear por lo menos una decena de discos con su repertorio, sin contar aquellos que contienen muchos de sus temas).
En cuanto a la relación del Cuchi con la industria del disco, Juan Martín y Delfín Leguizamón, dos de sus hijos, comentaron: “El Cuchi se llevó toda su vida muy mal con las discográficas. Nunca aceptó que le impusieran condiciones leoninas de contratación, y mucho menos limitaciones a su obra. Decía que los empresarios de las discográficas tenían que preguntarle a él cómo se hace un disco, no enseñarle a hacerlo.”
Pero el Cuchi también fue un personaje en sí mismo, gran contador de cuentos y anécdotas, era un conferencista de excepción porque combinaba sabiamente el humor, lo popular y la erudición. A menudo, solía presentarse él solo con piano. Con su particular tono provinciano, el Cuchi elaboraba bellos prefacios para presentar sus temas. Y esas introducciones se constituyeron en obras en sí mismas, en pequeños capítulos de alguna enciclopedia del folklore argentino.
Una muestra cabal de lo que era una recital de Leguizamón es “Cuchi Leguizamón en vivo en Europa” (1991), registro que editó el diario Página 12 allá por el año 2004. “Una chica francesa que vino a estudiar bandoneón con Rodolfo Mederos había ido al concierto y trajo la grabación. Me contactó y me dio una cinta que guardé por unos años - cuenta Delfín Leguizamón - Liliana Herrero nos pinchó para que lo editáramos. No teníamos idea de los pasos que había que dar, pero nos pareció que era importante hacerlo.”
Y así “Cuchi Leguizamón en vivo en Europa” salió a la luz para beneplácito de sus seguidores y amantes la cultura popular argentina.
Lo que leerán a continuación es una transcripción textual de las palabras del Cuchi presentando tres de sus temas. Obviamente, se pierde su portentosa voz, sus inflexiones, esa risa endiablada que se escapaba de su bocaza, pero al menos es un intento de aproximarse a su arte. También es una invitación para buscar y disfrutar este registro, que contiene un ramillete de palabras santas a cargo de don Gustavo Leguizamón, el Cuchi para todos nosotros.
(Una aclaración: cuando el Cuchi se refiere a Manuel o al Barbudo, está hablando del poeta Manuel J. Castilla, su letrista favorito).

Maturana
“Alguna vez nos llegamos hasta el río Lavallén de Jujuy con Manuel buscándolo al chileno Maturana, un hachero que se había aquerenciado a orillas del Lavallén. Ahí, en sus días de fiesta, los sábados, se producían sus memorables asados. Nos invitó una vez para que fuéramos. Llegamos, nos recibe la mujer, una chilena buena moza, muy criolla, sonriente. Le preguntamos por su marido y dice: ‘Ahí está ve, haciendo el asado. Recién se ha estado quejando, estaba acordándose de su tierra chilena, dice que quiere volver. Yo no lo entiendo, esta aquí y vive llorando su tierra chilena; va a Chile y vive llorando la tierra de Lavallén’.
Entonces, el Barbudo le dice: ‘Nooo… hay que avisarle a Maturanita, con la tierra no caben dos amores. Se puede querer a dos tierras, pero no al mismo tiempo. No hay que armar entrevero sino va a sufrir mucho’, y se reía el Barbudo.
A todo esto, llegó Maturana, un hombre criollo fabuloso, un chileno increíble, y yo lo veía a Manuel que anotaba algunas cosas. Entonces cuando salimos le dimos un abrazo, nos despedimos y Manuel me dice ‘Ya he hecho la letra’, escuchá: ‘El que canta es Maturana, chileno de nacimiento / anda rodando con toda su tierra adentro / andando por estos pagos en Salta se ha vuelto hachero / si ha de voltear un quebracho su sangre llora primero…’

El aveloriao
“El aveloriao es un personaje del norte argentino. A veces se nos muere algún amigo y vamos todos al velorio. Allí se da el pésame, las mujeres lloran, algún chango también lagrimea acordándose del difunto. En ese ambiente triste de la muerte entran al velorio. Y ya prontito el criollo se cansa de la muerte, de la tristeza y empiezan a contar cuentos. Y los cuentos van subiendo de tono, y por ahí, hay alguna vieja que está escuchando el cuento, pasa y dice: ‘¡Hay… Por favor, en respeto del difunto no cuenten cuentos tan verdes!’ La gente se calla y enseguida aparece algún aguardiente para mejorar la situación. Y vuelven otra vez a empezar los cuentos o alguien vuelve adentro para hablar con la mama del difunto, o la mujer y acordarse y llorar un poco. Pero el criollo no tiene paciencia a todas estas cosas. En seguida ya se olvida y está pensando que la alegría lo puede solucionar todo. Así va pasando el velorio hasta que llega el amanecer, con copas, sin dormir y van a enterrarlo por fin. Bueno, llegan, lo entierran, alguien dice un discurso y ya carancho a su rancho, como dicen los criollos, cada uno se va para su casa. Entonces el aveloriao, este personaje que les quiero señalar, sale y va desubicado de la existencia, entre la pena, la amanecida y las copas, son todos desenchufantes de la realidad electrónica provinciana. Y por ahí pasa algún ejecutivo que está apurado y le pega el grito y frena, porque casi lo atropella y le grita: ¡aveloriao!
Ese es el aveloriao, justamente, el que ha estado en el velorio, que no conecta naturalmente con la vida. Al día siguiente todavía está en la pena, todavía está en esa reflexión obligada de lo que es la brevedad de la vida.
Bueno, y una vez se me ocurrió a mí aveloriarme y llego a mi casa, amanecido, y digo, bueno, voy a componer una chacarera para el aveloriao y empiezo a tocar, se me entreveraban los temas, me salían unas disonancias, y digo, ‘cómo me voy a poner a corregir todos estos errores que son propiamente del aveloriao’ Tiene que quedar así, y así quedó.”

El rococo
“Los rococos de mi tierra son sapos muy grandes. Es un gran cantor, ellos cantan en los vados de los ríos, es decir, en los charcos aledaños al río donde hay agua tranquila. Se los ve comenzar el canto, hacer tuttis corales y sobre todo: ¡yo no sé si existe o no una batuta secreta que los hace callar a exacto tiempo! Yo he afirmado, con la irresponsabilidad que se me caracteriza, que los rococos tienen una cultura coral. Lo que sucede que en este mundo de las contradicciones en donde le negamos la posibilidad de conciencia en la comunicación a los animales… tenemos que pensar que hemos cometido muchas injusticias. En pleno medioevo se pensaba que las mujeres no tenían alma, después hubo que reformar la tesis; y no me cabe la menor duda que se va a reformar la tesis con respecto a los pájaros, a los animales que cantan con una profunda conciencia de lo que es el canto.
Todo el mundo dice ‘tal pueblo es el inventor de la chacarera’, ¡mentira!
La chacarera está en el rococo, el rococo tiene dos cantos. No sé, en una de ésas puede haber rococos en Alemania, no sé, creo que es americano. Parece que fuera la voz de la propia tierra. (A continuación, con su proverbial habilidad el Cuchi comienza a imitar un canto del  rococo): Ese es el canto del rococo suelto; pero muchas veces, el rococo, en cantos colectivos, con otros rococos, hacen este canto que es el ritmo exacto de la chacarera (e imita los sapos haciendo el ritmo): Esa es la chacarera, dos salsares en su tiempo de 3x4, con menos palabras no se puede explicar el ritmo endiablado de la chacarera, que no es nada más que eso, que lo conoce perfectamente el rococo.”